"Es de los pocos clientes que han venido hoy". Extende el brazo y señala con el dedo: A veces tengo una fila de carros pero ahora por la lluvia no se acercan mucho a comprar una fruta", comenta José Manuel, originario del estado de Guerrero, México.
La fruta es un gran negocio. En California muchos latinoamericanos trabajan en los campos sembrando o cosechando frutas, además es el estado que produce casi 50% de la producción nacional. Los latinoamericanos, principalmente trabajadores sin documentos, realizan las tarea más noble de este mundo, es decir, producen alimentos: siembran, cuidan y cosechan, pero también empacan, transportan y venden frutas y verduras. Mientras tanto, Wall Street y los banqueros producen una crisis económica de talla mundial.
José Manuel trabaja de lunes a domingo. "No tan temprano, empiezo a las 7, lavo el carrito, tiro la fruta que no sirve, pongo nueva fruta, vasos, servilletas, que esté todo lleno y me vienen a dejar a las 9 de la mañana. Acabo en la tarde, según el clima, según la venta. Si la venta es buena recibo comisión"
José Manuel es soltero, alegre y vive desde hace unos años en California. Como muchas personas, envía dinero a su familia. "Me va bien de dinero, pagan 65 al día. El vaso cuesta 5 dólares. Está bien la vida acá pero hay que saber ahorrar. Ahora con la crisis menos manda uno a México" dice con pesar.
Información publicada por el gobierno mexicano le da la razón a José Manuel: El envío de dinero a México disminuye desde 2008, por ejemplo: de enero a junio de 2009 el dinero enviado a México por nuestros migrantes fue de un total de 11,078.7 millones de dólares pero disminuyó 1,501.5 millones de dólares con respecto a 2008.
A pesar de esta millonaria disminución, los mexicanos que dejaron su tierra siguen manteniendo la economía mexicana: el dinero enviado a México representa 105.6% de las exportaciones de petróleo crudo, 111.1% de la inversión extranjera directa y superaron en 132% lo que gastaron todos los turistas que ingresaron en territorio mexicano.
José Manuel también comenta cómo ve a México, “lo poco que allá vale el dinero, lo poco que pagan a la gente por trabajar la tierra, por hacer artesanias, por hacer un sombrero, por todo pagan poco”.
Le pregunto si envía dinero a su esposa e hijos. Dice que sí "pero no a mi esposa". Con un poco de timidez y picardía dice que aún se siente joven para "echarse la soga al cuello", que todavía no es hora de casarse pero que sí le gustaría algún día.
La tierra es de quién la trabaja, sin embargo, como los jornaleros trabajan tierra ajena, José Manuel trabaja un carrito de frutas y verduras que, desafortunadamente, no es suyo.
José Manuel comenta "Según dice la patrona, no había otros carritos por acá. en Los Ángeles hay muchos de estos y se vinieron a probar"
"Tiene tres carritos, uno en la Willow, otro en la Tropicana y este en la Monterey. En la Tropicana la gente hace fila, ese carrito puede sacar la cuenta de los tres carritos juntos. Se vende bien pero ya tenemos competencia, empezamos hace más de dos años, una señora que trabajaba con nosotros puso su propio carrito. Ahora ya tiene más de uno"
¿Y a ti te gustaría tener tu carrito?
"Sí, pues claro... pero ahora no se puede. El pago de renta es lo más difícil y ahora con la crisis no sabemos si se va a poner peor”.
Suena su teléfono, habla un poco y cuelga: "Van a recoger los carritos, viene la patrona, que vio en internet y va a llover, que así no hay venta".
Empezamos a despedirnos porque llega otro de los pocos clientes. Mientras comienza a preparar otro vaso de frutas dice en el tono más serio de la plática: "Nos estamos organizando... Somos de todos los colores y sabores, como la fruta. Un día van a reconocer que somos héroes de dos países".