Por Tania Ochoa.- Mi nombre es Tania y como otros latinos me vi en la situación de decidir venir a Estados Unidos. La jornada para llegar a este país me tomó un mes durante el cual sufrí mucho; pero no me importó, porque lo que me motivaba a venir era la esperanza de una vida mejor, un futuro próspero. Una vez aquí, descubrí que lo que había preconcebido del sueño americano no existía.
Primeramente, tuve que enfrentar muchos obstáculos como la barrera del idioma, discriminación, soledad, frustración y muchos más. Antes que nada, tuve que buscar un trabajo. Aun cuando vivas en la casa de la familia uno tiene que pagar renta y servicios como el agua y la luz. Desde que uno llega a los Estados Unidos, es absorbido por el estilo de vida de este país; trabajar y trabajar como máquinas, pero al menos en recompensa recibimos la gratificación monetaria que nos ayuda a suplir las necesidades materiales.
Recordando como empecé, mi primer trabajo fue hacer el inventario de tiendas para una compañía; no tenía un horario fijo, pero el trabajo estaba bien. Después empecé a trabajar de mesera, lo cual era un trabajo pesado y estresante. Gracias a eso pude aprender como ser más tolerante y paciente. Seguidamente cambié de trabajo a una tienda de abarrotes, ahí permanecí trabajando por dos años hasta que descubrí que mi jefe se aprovechaba de mi; me pagaba menos de lo que reportaba, pero no podía reclamar ya que me pagaba en efectivo y no tenía ninguna prueba.
Ahora sé que esa es la situación de muchos más como yo. Finalmente, empecé a trabajar de cajera en otra tienda, y aquí estoy ahora siendo asistente de manejador. Después que en parte superé la barrera del lenguaje, se me empezaron a abrir muchas puertas con buenas oportunidades. Esto fue posible porque desde que llegué empecé a asistir a la escuela de adultos para aprender inglés, y ahora estoy en el colegio. Desde ahí empecé a cambiar mi mentalidad de estar aquí en los Estados Unidos para hacer dinero , y preocuparme más por obtener algo que vale más que eso y el oro de todo el mundo, y además nadie podría quitármelo porque me pertenecería, eso es “mi educación”.
Desde luego nada más es fácil, y mucho menos aquí en Estados Unidos donde somos estudiantes indocumentados; lo cual es una cruz grande y de mucho peso. Los estudiantes conocidos como AB540 y los que simplemente no están cubiertos por ninguna ayuda financiera tenemos que cargar ésta cruz hacia un horizonte incierto.
Afortunadamente, también hay personas conscientes de nuestra situación y que nos ayudan a que el camino no sea tan difícil. Un ejemplo de esto es el programa OASSSIS , cuyo apoyo ha sido vital para lograr mis metas. Cada día me siento mas fuerte para seguir adelante y luchar por lo que quiero. Por eso, sigo estudiando aunque en este momento yo sé que cuando me gradue no podré trabajar en Estados Unidos porque no tengo un número de seguro social, pero en mi corazón guardo la esperanza de que las cosas cambien y yo sea tomada en cuenta por este país.
Los inmigrantes indocumentados somos personas que venimos a trabajar, también tenemos cerebro y los deseos de superarnos intelectualmente.
Finalmente nosotros somos los dueños de nuestras vidas y podemos llegar hasta donde queramos. Las claves son trabajo duro, enfoque, dedicación e ignorar a quienes digan que “Tú no puedes, o no debes” porque eso es mentira. Levántate y pelea por tus sueños y derechos.
Por: Tania Ochoa