San José vive un poderoso llamado a la justicia social. Mientras el alcalde Matt Mahan defendía su propuesta de redirigir los fondos de vivienda asequible hacia refugios temporales, decenas de activistas, trabajadores comunitarios y personas sin hogar alzaron la voz frente al Ayuntamiento. El mensaje fue claro: la solución no es temporal ni punitiva, es permanente y humana.

El corazón del conflicto es el manejo del impuesto de transferencia de propiedad, conocido como la Medida E, aprobado por los votantes en 2020 con un propósito claro: financiar viviendas permanentes y asequibles. Sin embargo, el presupuesto propuesto para 2025-2026 plantea un giro dramático: aumentar del 15% al 90% los fondos destinados a refugios temporales, reduciendo drásticamente el apoyo a soluciones a largo plazo.

“Hoy no solo hablamos de dinero. Hablamos de familias, de vidas, de dignidad”, declaró con fuerza Carmen Torres, organizadora comunitaria de SIREN, durante la sesión pública. “La solución inteligente es la vivienda asequible. No podemos seguir parcheando una herida que necesita sutura”.

En las calles, cercanas al ayuntamiento, organizaciones como Sacred Heart y Agape Silicon Valley se unieron para exigir respeto al derecho humano a una vivienda digna. Personas sin hogar también compartieron sus historias, muchas con lágrimas, explicando cómo han sido marginadas por un sistema que ofrece camas por una noche, pero no soluciones para una vida.

La política presupuestaria fue defendida por la alcaldía como una estrategia de equilibrio financiero, pero para los activistas es un retroceso moral y social. “Es inaceptable que el mayor recurso para vivienda asequible de la ciudad se use para respuestas temporales”, agregó Alison Cingolani, directora de políticas en SV\@Home. Recordó que casi la mitad de los residentes de San José viven con ingresos por debajo del 80% del promedio local, y necesitan soluciones estructurales, no transitorias.

A pesar de las promesas de la administración sobre futuros fondos sobrantes y proyectos en lista de espera, la desconfianza persiste. “¿Cómo confiar cuando se desmantela lo poco que tenemos?”, preguntó una madre soltera, presente en la manifestación, con tres hijos a su cargo y sin hogar fijo desde hace más de un año.

San José es una ciudad vibrante, pero también es un espejo de las desigualdades más profundas. Por ahora, su gente demuestra que no se quedará callada. En sus gritos no solo hay protesta: hay solidaridad, humanidad y una esperanza viva de construir una ciudad donde nadie quede fuera.