En un clima de tensión política, creciente discriminación y divisiones culturales dentro de Estados Unidos, la figura del cantante puertorriqueño Bad Bunny se ha convertido en un termómetro sociopolítico inesperado. Así lo expresaron periodistas, académicos y analistas durante una conferencia en la que revelan cómo el artista se transforma en símbolo global de resistencia cultural, debate político y orgullo boricua, mientras enfrenta ataques, incomprensiones y movimientos sociales que ven en él mucho más que un fenómeno musical.

La pregunta inicial fue: ¿cómo un artista que canta solo en español, afirma su puertorriqueñidad y se niega a “cruzar” al inglés, se transforma en uno de los íconos más grandes del planeta? Y más aún, ¿qué significa eso para la identidad latina en un país donde incluso ciudadanos hispanos pueden ser perfilados, detenidos o amenazados por su apariencia o idioma?

La respuesta de los expertos, Julio Ricardo Varela, editor de The Latino Newsletter; Antonio Mejías-Rentas, ex editor de La Opinión, y Frances Muntaner-Negron, autora del libro Boricua Pop: puertorriqueños y la latinización de la cultura estadounidense, va mucho más allá de la música.

Un gigante cultural que no se rinde al inglés ni al “mainstream”

Para el veterano periodista de entretenimiento y ex editor de La Opinión, Antonio Mejías-Rentas, el fenómeno Bad Bunny debe entenderse dentro de una larga historia de artistas latinos que lograron impacto global, pero tradicionalmente ajustándose a las reglas del mercado estadounidense.
“En los 80 y 90 el ‘crossover’ significaba grabar en inglés”, recordó. “Pero hoy eso ya no es necesario. Y aunque Bad Bunny no es el único que canta solo en español, su enorme éxito hace más visible esta ruptura con el modelo antiguo”.

Frances Muntaner-Negrón, quien también es profesora de la Universidad de Columbia, añadió que reducir el fenómeno a una narrativa de “genio individual” es perder el bosque por ver el árbol: “Su alcance se explica por cambios demográficos, migraciones masivas de hispanohablantes, nuevas tecnologías y la descentralización de la cultura. Hoy un artista puede alcanzar al mundo sin pasar por Hollywood ni Nueva York”, opinó.

La profesora recordó que ciudades como Madrid, donde reside actualmente, se han transformado en polos multiculturales: “Un tercio de la población es extranjera. La diáspora latinoamericana ha ampliado el alcance de artistas como Bad Bunny mucho más allá del mercado estadounidense”.

Puerto Rico: colonia, orgullo y herida abierta

Durante la conversación, el tema de Puerto Rico surgió como un eje central que —según los panelistas— la prensa estadounidense sigue sin comprender.

El periodista Julio Ricardo Varela fue contundente en señalar: “Los estadounidenses no entienden a Puerto Rico. Y la prensa muchas veces refuerza esa confusión. No puedo aceptar paneles en televisión donde se habla de Bad Bunny sin una sola voz puertorriqueña”.

El editor de The Latino Newsletter añadió que la complejidad del estatus político de la isla sigue siendo ignorada en el debate público: “Los puertorriqueños somos ciudadanos estadounidenses, pero también se nos trata como si no lo fuéramos. Hemos sido desplazados por políticas económicas, discriminados y malinterpretados durante décadas”.

Por su parte, Mejías-Rentas reforzó esa idea recordando que la ciudadanía estadounidense fue impuesta tras la invasión de 1898: “Es crucial que los estadounidenses entiendan que Puerto Rico es una colonia. Esa realidad política explica muchos de los conflictos actuales, incluida la relación de Bad Bunny con su tierra”.

El artista como espejo del momento político

Los conferencistas coincidieron en que Bad Bunny ha tenido distintas “etapas”, pero una de las más influyentes es la del Bad Bunny nacionalista-cultural, profundamente conectado con la realidad puertorriqueña.

Frances Muntaner explicó que “Cuando habla de turismo masivo, gentrificación, desplazamiento o costos de vida, está tocando heridas que no solo existen en Puerto Rico, sino en el mundo entero. Por eso su música resuena en países donde nadie habla español”.

A juicio de los expertos, ese diálogo entre artista y audiencia alimenta su papel como figura de resistencia cultural. No porque Bad Bunny se haya propuesto ser un líder político, sino porque su autenticidad ha hecho que otros lo proyecten como tal.

Varela lo resumió así: “Lo más profundo no es lo que él dice, sino cómo es recibido. Sus palabras provocan reacciones fuertes porque tocan temas que llevan décadas sin resolverse”.

Super Bowl: dinero, política y el choque cultural

Uno de los temas más discutidos fue la controversia por su próximo show en el Super Bowl. En redes sociales circulan peticiones para retirarlo del evento y reemplazarlo por artistas anglosajones. Los expertos, sin embargo, desmontaron la idea de que la invitación tenga motivaciones altruistas.

“El NFL quiere ganar dinero”, afirmó Varela sin rodeos. “Necesitan audiencias globales. Necesitan diversificar. Y Bad Bunny es el artista más rentable del planeta. Eso es todo”.

Frances Muntaner recordó que shows similares ya habían generado controversias, como el de Shakira y Jennifer López en 2020, que recibió una de las cifras más altas de quejas en la historia del evento. “Entonces tampoco se quería ‘cantar en español sobre traseros’. Hoy la resistencia es mayor porque el clima político es más explosivo”.

Mejías-Rentas añadió que, aunque el artista no cobra por el espectáculo, el Super Bowl funciona como plataforma global: “Seguramente hará un anuncio importante. Ese escenario multiplica cualquier mensaje o lanzamiento que haga”.

¿Un símbolo de los inmigrantes? Los expertos matizan

Ante la pregunta sobre si Bad Bunny se ha convertido en un símbolo de las comunidades inmigrantes, la respuesta fue compleja. Para Varela fue tajante: “Es demasiado simplista decir que él es ‘el símbolo de los inmigrantes’. Bad Bunny es más profundo que eso”.

Los especialistas señalan que, si bien el artista ha rechazado actuar en ciudades donde teme que sus fans sean hostigados por agentes de inmigración, y ha denunciado el racismo y la discriminación, su narrativa principal es otra: la afirmación de la identidad puertorriqueña y la defensa de su isla.

Mejías-Rentas lo expresó con claridad: “Bad Bunny no se presenta como activista migratorio. Se presenta como boricua, como defensor de Puerto Rico y su soberanía cultural”.

Una de las reflexiones más poderosas vino de Muntaner- Negrón, al analizar por qué sus declaraciones en “Saturday Night Live” —“tienen cuatro meses para aprender español”— provocaron tanto rechazo. “Escuchamos la misma frase, pero la interpretamos distinto. Eso revela las fracturas culturales del país”.

Al mismo tiempo, una pregunta flotó durante las exposiciones: ¿puede la unidad entre puertorriqueños, latinos, indígenas y otras comunidades racializadas generar un cambio real frente al aumento de detenciones, perfilamiento racial y odio?

Varela lo planteó con franqueza al mencionar que “la solidaridad existe, pero mientras en EE.UU. se siga ignorando la historia colonial y migratoria, el avance será lento. Bad Bunny abre la puerta al debate, pero no puede resolver un problema que es estructural”.

Un artista incomodo a Trump

Los tres periodistas coincidieron en que el boricua Bad Bunny no es un fenómeno pasajero ni un simple producto de la industria musical. Representa una transformación cultural profunda: la caída del viejo modelo de “crossover”, el ascenso del español como idioma global en el entretenimiento, la visibilidad de las tensiones raciales y políticas en EE.UU., y la emergencia de Puerto Rico como un actor cultural central.

Una pregunta clave fue si esta vez el ciclo latino no se evaporará como antes, a lo que Frances Muntaner, responde: “Puede que estemos ante un cambio estructural, donde los artistas latinos ya no entren y salgan del radar, sino que definan las reglas del juego”.

Lo que es seguro es que Bad Bunny ya se convirtió en un espejo incómodo para Estados Unidos: un espejo que canta en español, que no pide permiso y que, como dijo Varela, “está haciendo que el mundo por fin quiera entender a Puerto Rico”.