La escalada de operativos migratorios del ICE en Estados Unidos ha provocado una respuesta inédita: madres, vecinos, abogados y activistas están construyendo redes de protección, solidaridad y resistencia civil frente a lo que consideran una política de fuerza que ya no distingue entre migrantes y ciudadanos.
Por primera vez en años, la resistencia a las redadas migratorias dejó de ser una reacción aislada para convertirse en un movimiento articulado, nacional y profundamente humano. Lo que ocurre en Minneapolis, Chicago, Nueva York o Los Ángeles no son episodios inconexos, sino capítulos de una misma historia: comunidades enteras enfrentadas a una política migratoria cada vez más agresiva y visible en las calles, escuelas y barrios.
Ese fue el eje central de la conferencia organizada por American Community Media Briefing, donde activistas, organizadores comunitarios, abogados y analistas nacionales coincidieron en una idea clave: la política de deportaciones masivas ha traspasado un límite social y moral.
El detonante fue la muerte de Rene Nicole Goode, ciudadana estadounidense y madre de familia, durante una protesta contra operativos del ICE en Minneapolis. Las autoridades federales alegaron defensa propia; líderes locales y organizaciones comunitarias lo rechazan de forma tajante. “Lo que estamos viendo ya no está confinado a una sola ciudad”, advirtió la periodista Pilar Marrero al iniciar el encuentro. “Estamos viendo protestas coordinadas, demandas legales y redes comunitarias en todo el país”.
MADRES ORGANIZADAS PARA PROTEGER LA VIDA
La voz de Amanda Otero, madre de familia, representando al sistema de escuelas públicas de Minneapolis y codirectora ejecutiva de TakeAction Minnesota, ofreció untestimonio que mostro el rostro humano al conflicto en el día a día.
“Estamos presenciando actos horribles en nuestros vecindarios, en nuestras escuelas”, dijo. Pero inmediatamente cambió el tono: “Me siento increíblemente orgullosa de ser de Minnesota en este momento”.
Otero contó cual ha sido la respuesta comunitaria que va mucho más allá de la protesta: redes de padres organizados, patrullajes escolares, apoyo alimentario, transporte solidario y fondos para pagar alquileres y servicios básicos a familias que hoy tienen miedo de salir de casa.
“Hay miles de padres conectados, organizados en equipos locales, cuidando que nuestros niños puedan entrar y salir de la escuela de forma segura”, explicó.
La muerte de Rene Goode marcó un antes y un después. Otero recordó una escena que resume la tensión cotidiana: padres llevando a sus hijos al preescolar mientras, a pocos metros, agentes federales lanzaban gas lacrimógeno y realizaban arrestos.
“Muchos nos vimos reflejados en ella. Como madres, como padres”, dijo. “Esto no es una imagen aislada. Está pasando en cada cuadra”.
Escuelas santuario: para exigir salida del ICE
Amanda Otero explicó el modelo de “escuelas santuario”, inspirado en experiencias previas de Chicago.
Estas iniciativas se sostienen sobre tres pilares:
- Vigilancia comunitaria, para impedir la presencia del ICE en horarios escolares.
- Ayuda mutua, con entrega de alimentos, transporte y apoyo económico.
- Organización política, para exigir la salida del ICE de las escuelas y del estado.
“Tenemos equipos en 40 escuelas específicas, y seguimos creciendo”, señaló.
Más que una consigna, las escuelas santuario se han convertido en espacios donde la comunidad recupera el control del entorno más sensible: la infancia.
DE LA DEFENSA A LA OFENSIVA POLÍTICA
Con la misma urgencia, habló Sari Lee, subdirectora de organización de ONE Northside, una de las redes comunitarias más activas de Chicago. Ella contextualizó el escenario: durante la llamada Operation Midway Blitz, más de 68 agentes operaron durante meses en la ciudad. Antes, Chicago ya había vivido despliegues de hasta 200 agentes federales.
La respuesta fue inmediata y estratégica. “Nos enfocamos en tres ejes: educación, defensa comunitaria y ayuda mutua”, explicó.
Miles de personas fueron capacitadas para:
- Identificar agentes del ICE
- Conocer sus derechos
- Documentar operativos
- Activar líneas telefónicas comunitarias
“Organizamos cuadra por cuadra”, dijo Lee. “Nunca había visto a la ciudad tan unida”.
Uno de los episodios más simbólicos ocurrió cuando una trabajadora de guardería fue detenida al ingresar a su trabajo. Esa misma noche, más de 400 vecinos se movilizaron para liberarla.
Sari Lee destacó que en la organización que representa, decidieron pasar a la ofensiva. En noviembre, más de 500 personas participaron en un cabildo transformado en taller de resistencia civil.
El objetivo: imponer costos económicos y políticos a las instituciones que colaboran con el ICE.
La resistencia ya no se limita a protegerse; ahora busca desarticular la infraestructura que sostiene las redadas.
POLÍTICA MIGRATORIA DEJA DE SER SOLO PARA MIGRANTES
Desde una mirada nacional, Vanessa Cárdenas, directora ejecutiva de America’s Voice, puso el foco en el impacto político del momento.
“El asesinato de Rene Goode mostró algo que venimos diciendo hace años: los ataques a inmigrantes son la punta de lanza de ataques contra todos los estadounidenses”, afirmó.
Cárdenas subrayó que el despliegue en Minneapolis fue el más grande en la historia: casi 3.000 agentes federales en una sola ciudad.
Las encuestas reflejan un cambio: la mayoría de los estadounidenses considera que el ICE ha ido demasiado lejos, incluso entre independientes. Sin embargo, advirtió sobre una paradoja clave:
“Rechazar lo que hace el ICE no significa apoyar las soluciones demócratas”.
El desafío, explicó, es construir una narrativa de reforma real, que conecte derechos humanos con seguridad pública y gobernabilidad.
BATALLA LEGAL CONTRA LA FUERZA FEDERAL
El frente jurídico fue abordado por Anne García, abogada senior del National Immigration Project, quien recordó que las tácticas actuales del ICE tienen antecedentes en la frontera, ahora trasladados al interior del país.
Demandas judiciales en Minnesota y otros estados buscan frenar el uso excesivo de la fuerza, las detenciones arbitrarias y la presencia de agentes en espacios sensibles como escuelas.
MIEDO VS ESPERANZA
Durante la ronda de preguntas, surgió una constante: el miedo atraviesa a toda la comunidad inmigrante, sin importar estatus migratorio.
“Todos se están quedando en casa”, reconoció Otero. “Pero ver a otros organizándose les da esperanza”.
Lee añadió que la clave está en la no violencia disciplinada, el diálogo constante sobre los riesgos y la protección colectiva.
Un punto de inflexión
Lo que antes ocurría en silencio hoy se discute en plazas públicas, concejos municipales y tribunales. Funcionarios locales patrullan escuelas, vecinos tocan silbatos para alertar redadas, madres organizan redes de cuidado.
Este movimiento no nació de una estrategia electoral ni de una consigna ideológica, sino del instinto básico de proteger la vida cotidiana.
Como resumió Cárdenas, “este es un momento duro, pero también una oportunidad para ampliar la coalición y dejar claro que un enfoque solo represivo no funciona”.

