Para Agustin Espino, su trayecto profesional comenzó con una escoba en la mano y una fascinación por las máquinas. Hace 15 años, trabajaba como conserje en una empresa de manufactura cuando su jefe notó su interés y lo envió a De Anza College en Cupertino para capacitarse como maquinista. Ese paso cambió su vida: no solo obtuvo un empleo mejor remunerado, sino que con el tiempo llegó a ser **técnico de laboratorio en la misma escuela donde se formó**. 

Hoy, el Silicon Valley Advanced Manufacturing Program busca replicar historias como la de Espino y brindar oportunidades a quienes más lo necesitan. 

Formando una nueva generación de trabajadores calificados 

Este programa de cuatro años, financiado con una subvención de 5.6 millones de dólares del Departamento de Trabajo de EE.UU., tiene la misión de entrenar a 725 estudiantes en sectores clave como automatización y semiconductores. Lo más innovador es su enfoque en apoyar a comunidades subrepresentadas en la manufactura, incluyendo latinos, afroamericanos y mujeres. 

La industria manufacturera en EE.UU. sigue estando dominada por hombres blancos: el 69% de los trabajadores son blancos y el 71% son hombres, según datos de 2022. El nuevo programa quiere cambiar esa realidad mediante cursos especializados, incluyendo clases de inglés como segunda lengua, facilitando la inserción de más estudiantes en este campo. 

Alianzas estratégicas y oportunidades reales

Seis instituciones educativas participarán en la iniciativa: De Anza, Foothill, Ohlone, Evergreen Valley y Mission Colleges, además de San José State University. Gracias a esta red, los estudiantes podrán tomar cursos en diferentes colegios y adquirir una formación más integral. 

Las oportunidades no terminan en las aulas. Grandes empresas del Área de la Bahía como Applied Materials, Sanmina Corporation, Infinera Corporation y Lawrence Livermore National Laboratory respaldan el programa y podrían contratar a los graduados una vez certificados. 

«Tener apoyo es esencial para no perder el enfoque ni la paciencia, porque aprender sin hablar bien inglés es muy difícil», explica Espino. Él sabe de primera mano que los estudiantes de comunidades diversas enfrentan barreras en la educación que otros no tienen.