Anclada entre dos ejes categóricos de “comunismo” y “corrupción”, la campaña electoral peruana discurre sin ofrecer aparentemente a la ciudadanía más que una dura elección entre amenazas a la economía y las libertades o la legitimación del saqueo y la corrosión del Estado de Derecho.

Bajo los epítetos de “corrupta” y “radical”, Keiko Fujimori (derecha) y Pedro Castillo (izquierda), protagonizan una de las campañas más polarizadas en la historia peruana, en la que además han abundado errores, torpezas e irresponsabilidades que poco han servido para mejorar la opinión del público hacia quienes serán sus próximos dirigentes.

Los peruanos votarán el domingo 6 de junio por evitar el “mal mayor” entre posturas opuestas cuyo capital político es muy limitado (apenas el 32% de los votos válidos entre ambos en primera vuelta), que además han hecho poco por captar el centro.

“COMUNISTA”

Castillo, un maestro rural que postula por el partido radical de izquierdas Perú Libre, lideraba las encuestas pero en los últimos días hay un empate técnico.

Una desorganización extrema, la ausencia de cuadros técnicos y un plan concreto de gobierno hasta bien entrada la campaña y dificultades notorias para sacarse el nombre de “comunista radical” son la causa de que lo que parecía un paseo sea una estrecha pelea voto a voto.

“Claramente Castillo y su equipo no esperaban llegar a segunda vuelta cuando comenzó la partida, y no tienen un manejo profesional de lo que es una campaña. Por eso han tardado en despertar. Sólo cuando se han acercado a otros grupos como Nuevo Perú (izquierda progresista) han empezado a tener una estrategia más seria” indica la analista política Paula Távera.

Tanto Távera como la también politóloga Denisse Rodríguez-Olivari coinciden en señalar que sólo los errores de Castillo pueden llevar a Fujimori a la presidencia.

“La principal ventaja de Castillo es no ser Keiko Fujimori. Llevaba 20 puntos pero entró en un letargo y no hizo nada. Y mientras se les vino encima la maquinaria fujimorista, que ya lleva tres elecciones en segunda vuelta y cuenta con apoyos abrumadores en la empresa privada y en los medios de comunicación” , analizó Rodríguez-Olivari.

LA LOSA DE CERRÓN

A juicio de ambas, a Castillo le bastaría ofrecer estabilidad, respeto al Estado de Derecho y trazar un plan para que iniciativas como la reforma constitucional que lleva como bandera se hagan dentro de los márgenes legales.

Y eso es lo que Castillo intentó en las últimas semanas.

Rebajó su tono, ofreció un plan de gobierno transformador pero moderado, un equipo técnico competente y se comprometió por escrito con la defensa de las leyes y la democracia.

También expresó su apoyo a pequeños y medianos empresarios frente al “cuco” de la “expropiación” que agitan sus opositores.

Más aún: intentó despegarse de la ominosa figura de Vladimir Cerrón, el presidente “marxista-leninista” de Perú Libre, un ex gobernador regional de Junín condenado por corrupción, lo que le impidió postular a la presidencia por su propio partido.

Castillo – que llegó a Perú Libre como invitado de última hora – ha repetido por activa y pasiva que el gobierno será suyo, no de Cerrón ni de Perú Libre, y que el plan de Gobierno será uno hecho por él mismo y no el panfleto radical bajo el que se presenta la organización política.

La clave, según ambas politólogas, será ver si finalmente Cerrón se quedó “en la cueva”.

FUJIMORI VS FUJIMORI

Pese al abrumador respaldo mediático y económico y su mucha mayor experiencia política, Keiko Fujimori está lejos de neutralizar a su rival.

El hecho es que millones de peruanos aborrecen a Fujimori, donde ven encarnadas la corrupción, el abuso de poder, el revanchismo, el inmovilismo y las violaciones a las libertades y los derechos humanos que protagonizó su padre, el expresidente Alberto Fujimori (1990-2000).

“Lo sabe. Por eso no pide votar por ella, pide votar por el Perú. Vota a pesar de mí para evitar el comunismo y todos los clichés posibles: hambre, terrorismo… Que voten por Perú pese a la mochila que carga, como la de la corrupción”, indicó Távera.

En esta cruzada Fujimori ha contado con el apoyo explícito de personalidades como Mario Vargas Llosa, que raudo pasó de enemigo encarnizado a sostén público, así como de varias estrellas del fútbol, aliadas “contra el comunismo” y por “la libertad”.

Sobre Fujimori pesa un pedido fiscal de 30 años de cárcel por delitos de corrupción y si accede a la presidencia obtendrá inmunidad ante el proceso.

Varios de sus principales asesores también han sido condenados por corrupción.

“Pese a esto está allí, justo al borde de ganar. No necesita un plan de gobierno, le ha bastado promover el miedo y decir que nada va a cambiar en el modelo económico. Habrá que esperar a ver cómo se moviliza finalmente el antifujimorismo. Al apretarse las encuestas, puede que despierte. El antivoto de la candidata es muy fuerte”, razonó Távera.

Esa posibilidad no es desdeñable, pues Fujimori ya tendría un control tácito del Parlamento, dominado por fuerzas conservadoras muy cercanas a ella y la opción de que pueda copar todos los poderes del Estado es real.