Un Papa con alma peruana: la sencillez, fe y compromiso de León XIV
Por Javier Alvarado, Alianza News
Cuando Robert Prevost fue anunciado como el nuevo Papa León XIV, una oleada de emoción recorrió no solo la Plaza de San Pedro, sino también las calles de Chiclayo, en el norte de Perú, donde el ahora pontífice sembró raíces profundas por más de cuatro décadas.
Quienes lo conocimos, y compartimos algunos aspectos de su largo apostolado, lo podemos describir con palabras simples como “hermano”, “de casa”, “genuino”, “peruano”. Podemos decir con voz emocionada que en él, se dibuja un perfil humano, cercano y profundamente espiritual.
“Es un hombre muy sencillo, como se le ve. Muy genuino. Ama profundamente a la Iglesia, escucha, es buen compañero, trabajador incansable… Yo puedo decir, ante todo, que es un hermano”, declaró el director de Medios de Comunicación del Obispado de Chiclayo, padre Fidel Purizaca, uno de sus colaboradores más cercanos.
Un pastor que eligió quedarse
Prevost, nacido en Chicago (Estados Unidos) no fue un visitante fugaz en tierras latinoamericanas. Llegó al Perú en 1985 como joven misionero agustino y encontró algo más que una tarea pastoral: encontró un hogar. Pasó 40 años caminando al lado de comunidades, acompañando a los más pobres y comprometiéndose con una realidad que eligió voluntariamente como propia.
Se nacionalizó como peruano, no por formalismo, sino por afecto a estas tierras. Comía seco de cabrito con frijoles, plato tradicional del norte de Perú, hablaba con fluidez un español cargado de giros costeños y no dudaba en abrazar la cultura, los dolores y las esperanzas de la tierra que lo acogió.
Su paso por las ciudades de Chiclayo y Trujillo no se limitó a lo eclesial. Fue formador, guía espiritual, amigo. “Robert no pasó por Perú. Se quedó. No vino por un viaje, vino a servir”, publicaban los medios locales con los testimonios de personas que deseaban rendirle un homenaje tras su elección como Papa.

El nuevo Papa León XIV (Robert Prevost Martínez), destaca por su cercanía con América Latina, su personalidad sencilla y su elección tiene impactado al Perú y la Iglesia global. Foto EFE.
Una elección que marca un nuevo tiempo
León XIV representa algo más que un simple sucesor de Francisco. Es una señal clara de que la Iglesia está mirando al sur global, a los pueblos que han vivido la fe desde la pobreza, la resiliencia y la esperanza.
En su primer mensaje, claro y emotivo, León XIV no olvidó a quienes considera su familia espiritual. Habló en español, saludó a América Latina, en especial al pueblo peruano de Chiclayo, y dejó entrever que su pontificado será la de un misionero, integrador y pastoral.
“Comienza un pontificado que marcará un momento extraordinario”, subrayó el padre Purizaca. “Ese primer mensaje que dió… lo define perfectamente. Ese es Roberto. Ese es el Papa León XIV”.
Un Papa para los marginados
En tiempos donde la indiferencia social y la polarización parecen marcar el rumbo del mundo, la figura de un Papa que conoce la periferia no desde la teoría, sino desde la vida, adquiere una fuerza simbólica y pastoral enorme.
¿Molesta eso? preguntaba irónicamente un comentarista, ante la reacción de algunos sectores que no asimilan con facilidad que el nuevo Papa sea peruano de corazón y elección. Pero como él mismo señaló en su saludo inicial, este es solo el comienzo.
Porque lo que el mundo acaba de presenciar no es solo la elección de un Papa. Es el reconocimiento a una vida de servicio, sencillez y amor por los pueblos que muchas veces han sido olvidados. Es el momento en que un hombre con alma chiclayana, que un día escuchó un llamado en silencio, hoy alza la voz por millones.
Y esa voz, la de León XIV, ya comienza a resonar con fuerza en los rincones más humildes del mundo.

