El 2 de abril, el presidente Donald Trump proclamó el llamado “Día de la Liberación”, anunciando un ambicioso plan para imponer aranceles a más de 90 países. Según Trump, esta medida serviría para aumentar los ingresos del gobierno y contrarrestar lo que considera prácticas comerciales injustas.
Expertos y especialistas de diversas universidades como el Dr. Neale Mahoney, profesor de Economía en Stanford; Dr. Anil Deolalikar, profesor emérito en la Universidad de California, Riverside; Dilawar Syed, exadministrador adjunto de la Administración de Pequeñas Empresas de EE. UU.; y Marcus Bowers, empresario de Houston, analizaron la viabilidad del plan, los efectos en economías clave como China, India y Brasil, y las consecuencias para los consumidores, trabajadores y pequeñas empresas estadounidenses.
El impacto sobre consumidores, empleo y pequeñas empresas
El Dr. Mahoney, director del Instituto de Investigación de Política Económica de Stanford explicó cómo los aranceles están afectando a los consumidores y al mercado laboral. Subrayó que la transmisión de los aranceles —es decir, su traspaso a los precios finales— ha sido “más lenta de lo esperado”, pero ya empieza a reflejarse en los datos recientes.
El experto en economía considera que, en esta ocasión, las empresas acumularon importaciones antes de la entrada en vigor de los aranceles y, además, contaban con altos márgenes de ganancia tras la pandemia, lo que les permitió absorber temporalmente el golpe. Sin embargo, “los últimos dos meses muestran que el traspaso está ocurriendo y está impactando en dos grupos principales: las pequeñas empresas que dependen de insumos importados y los consumidores finales”.
Mahoney remarcó la contradicción entre los objetivos de Trump y la realidad: “Si usted incrementa sus costos, por ejemplo, imponiendo grandes aranceles al acero o al cobre, hace más difícil que las empresas operen en Estados Unidos, no más fácil”.
El académico también advirtió sobre el efecto en los consumidores, especialmente en productos de uso cotidiano como ropa, café, juguetes y electrónicos, cuyos precios aumentarán hacia la temporada navideña. Según sus cálculos, el impacto global sería de un incremento del 1.5% en el nivel de precios, una cifra moderada, pero en la dirección equivocada. “No es catastrófico, pero sí mueve los precios en la dirección equivocada”, mencionó.
En cuanto al mercado laboral, destacó una preocupante desaceleración: “En los últimos tres meses, la creación de empleos ha estado en torno a 30 mil al mes, la mitad de lo necesario para acompañar el crecimiento de la fuerza laboral. Estamos por debajo de la tasa de reemplazo”, enfatizó.
Aunque aún no hay despidos masivos, advirtió que “la secuencia que hemos visto en el pasado es que primero las empresas retienen contrataciones, y luego vienen los despidos”.
En otro momento de su exposición, Mahoney subrayó que la economía estadounidense perdió dinamismo tras las elecciones: mientras en 2023 creció al 2.5%, en 2024 apenas lo hará al 1.2%. “El año pasado, la economía estadounidense era la envidia del mundo… pero la incertidumbre sobre los aranceles ha dilapidado esa ventaja”, afirmó.
En el terreno social, el especialista fue contundente al describir cómo los trabajadores más vulnerables reciben un doble golpe: precios en aumento y recortes en la red de protección social.
“Este es un momento muy difícil: precios más altos, peores perspectivas laborales y una red de seguridad social que está siendo, francamente, destrozada por los republicanos en el Congreso y la administración Trump”, concluyó.
Efectos internacionales y negociación con potencias emergentes
Durante su participación en el debate el Profesor de Economía y Decano Fundador Emérito de la Escuela de Políticas Públicas de la Universidad de California Riverside, Dr. Anil Deolalikar abordó los efectos de los aranceles en China, India y Brasil, destacando que la incertidumbre vuelve complejo cualquier pronóstico. “Es difícil saber exactamente cómo impactarán sin conocer dónde terminarán finalmente los aranceles”, señaló.
Actualmente, China ya enfrenta un 30% de aranceles, mientras que India soporta un 25% y Brasil un 10%. Sin embargo, el panorama podría empeorar: “China enfrenta la posibilidad de tarifas de hasta 145% después de noviembre… India y Brasil podrían llegar al 50% a fin de mes”.
Aunque estos países no dependen en gran medida de las exportaciones a EE. UU. en proporción a su PIB (China 3%, India y Brasil alrededor de 2%), los sectores específicos que comercian con el mercado estadounidense sí sufrirán graves consecuencias. En China, por ejemplo, el iPhone es emblemático. “El 75% de los iPhones se producen en China, y casi un tercio se exporta a Estados Unidos. Si entran en vigor aranceles de más de 100%, el impacto en el empleo de ese sector será significativo”, dijo.
Deolalikar también apuntó a la selectividad política de la administración, algunos sectores como los electrónicos y componentes informáticos reciben exenciones, lo cual genera asimetrías.
En cuanto a la diplomacia comercial, fue claro en señalar “Es extremadamente probable que Estados Unidos y China negocien una tregua, porque sus economías son altamente interdependientes y el impacto de aranceles muy altos sería catastrófico”.
Sin embargo, las posibilidades de negociación varían según el socio: en el caso de India la principal exigencia de Washington es que deje de comprar petróleo ruso, una concesión difícil de lograr.
En Brasil la probabilidad de negociar con EE. UU. es aún menor, dado que su principal socio es China, que “hará todo lo posible para empujar a Brasil a alejarse del comercio con Estados Unidos”.
La conclusión del especialista de la UCR reflejó cautela, pero también pragmatismo cuando señala que los aranceles podrían redibujar las alianzas comerciales, especialmente al consolidar la influencia china en América Latina.
El impacto en las pequeñas empresas
El exadministrador adjunto de la Administración de Pequeñas Empresas de EE. UU. Dilawar Syed, aportó la perspectiva empresarial. Señalando que las pequeñas empresas son las más vulnerables porque no tienen el mismo margen de maniobra que las grandes corporaciones.
Explicó que muchas dependen de insumos importados —desde materia prima hasta piezas tecnológicas— y los aranceles encarecen su cadena de valor. Además, la incertidumbre sobre si habrá nuevas rondas de aranceles desincentiva la inversión y la contratación de personal.
En palabras de Syed, la paradoja es clara: “Las grandes compañías pueden negociar directamente con la Casa Blanca y obtener exenciones, pero para las pequeñas empresas esa no es una opción”.
La visión desde el emprendimiento afroamericano
Marcus Bowers, cofundador de She’s Happy Hair, compartió la perspectiva de los emprendedores de base. Su negocio depende de la importación de productos y materias primas, lo que lo convierte en un blanco directo de los aranceles.
Relató cómo los costos adicionales han obligado a replantear precios y limitar la expansión: “No podemos simplemente trasladar todos los costos a nuestros clientes, porque perderíamos mercado”.
Durante su intervención subrayó que el impacto humano de los aranceles no es abstracto, sino que se traduce en decisiones diarias difíciles para empresarios y consumidores en comunidades diversas.
Tensiones internas y externas
Aunque es claro que, los aranceles no han generado hasta el momento los beneficios prometidos, durante las exposiciones de los expertos también se entendió que la política arancelaria del presidente Trump está generando tensiones internas y externas.
Para EE. UU., el Dr. Mahoney advirtió sobre un escenario de precios al alza, enfriamiento del mercado laboral y un riesgo de despidos, afectando especialmente a las clases trabajadoras y a las pequeñas empresas.
A nivel internacional, el Dr. Deolalikar mostró cómo China, India y Brasil reaccionan de forma distinta, aunque en todos los casos se prevén dislocaciones económicas y realineamientos geopolíticos.
Desde la perspectiva empresarial, tanto Syed como Bowers dieron voz a los pequeños negocios y emprendedores, quienes enfrentan el costo directo de estas medidas sin acceso a los beneficios políticos que sí disfrutan las grandes corporaciones.
“Si pasamos página en los aranceles, bloqueándolos o eliminándolos, la economía lentamente empezaría a recuperarse. El problema es que no hay señales de que (Donald) Trump cambie de tono”, concluyó Mahoney.
La política comercial, lejos de fortalecer a Estados Unidos, parece estar debilitando su economía doméstica y alterando equilibrios estratégicos globales en favor de sus competidores.


