Lo que debía ser un inicio de clases lleno de esperanza en la iglesia católica de la Anunciación (Minneapolis) se convirtió en una tragedia inimaginable, un atacante disparó desde el exterior a través de las ventanas: dos niños, Fletcher Merkel (8 años), y Harper Moyski (10), murieron. Otras 21 personas resultaron heridas, 18 de ellas niños de 6 a 15 años, y 3 adultos mayores de 80 años.
El jefe de EMS de Hennepin, Martin Scheerer, informó que tres pacientes siguen hospitalizados, incluidos dos niños. Uno de los casos más conmovedores es el de Weston Halsne (10): médicos hallaron un fragmento de bala junto a la carótida; su amigo Víctor Greenawalt lo cubrió con el cuerpo y le salvó la vida, según relataron los familiares.
El jefe de policía de Minneapolis, Brian O’Hara, confirmó que “dos niños pequeños, de ocho y diez años, fueron asesinados en las bancas donde estaban sentados”. Los hechos ocurrieron en las primeras horas de la mañana, durante una misa especial por el inicio del año escolar.
Según el relato de O’Hara, un hombre armado, que posteriormente fue identificado como Robin Westman (23) se acercó al costado del edificio y comenzó a disparar con un rifle a través de las ventanas de la iglesia, impactando directamente a los niños que estaban en los bancos.
El atacante, estaba armado con un rifle, una escopeta y una pistola. Según las autoridades, “creemos que utilizó las tres”. La información pública hasta ahora apunta a que actuó solo, con un volumen de fuego que las pericias sitúan en torno a 116–120 disparos. Tras el tiroteo, se encontró su cuerpo en el estacionamiento trasero de la escuela; todo apunta a que se quitó la vida.
Mientras tanto, equipos de investigación trabajan para esclarecer las motivaciones del atacante. La policía no descarta ninguna hipótesis, aunque han indicado que no existían alertas previas ni amenazas conocidas contra la escuela.
CIUDAD CONMOCIONADA
La ciudad se encuentra en estado de conmoción, con padres abarrotando hospitales y autoridades locales pidiendo calma mientras se despliega atención psicológica para estudiantes, familias y personal educativo.
El alcalde, Jacob Frey, visiblemente afectado, declaró: “Este acto deliberado de violencia es solo una muestra de la crueldad que está más allá de toda comprensión. Nuestros corazones están rotos por todos los que han sido afectados por esta tragedia; mientras iniciamos el difícil camino hacia la sanación, quiero que la comunidad sepa esto: que incluso ante tal maldad, estamos con nuestra comunidad”.
Desde Washington, fuentes de la Casa Blanca confirmaron que el presidente Donald Trump habló con el gobernador de Minnesota, Tim Walz, para seguir de cerca la situación. Ambos expresaron sus condolencias a las familias afectadas a través de redes sociales.
La comunidad de fe y educación católica de Minneapolis prepararon una vigilia en honor a las víctimas. El padre Michael Harrington, párroco de la Anunciación, pidió a los feligreses que se unan en oración y consuelo: “Que la oscuridad que intentó apagarnos hoy no tenga la última palabra. Somos una familia, y en el amor de Dios hallaremos fuerza para levantarnos”.
En las vigilias, padres y madres piden acompañar a los sobrevivientes en su recuperación física y emocional. En redes y en conferencias, familiares de Fletcher y Harper suplicaron que su legado sea cambiar algo real, para que ningún niño más falte al llamado en clase.
Lo que ocurrió hoy en Minneapolis no solo enluta a una ciudad: reabre, una vez más, la herida nacional sobre la violencia armada en espacios escolares. Una herida que sangra cada vez que un niño no vuelve a casa.

