El congresista del Área de la Bahía de San Francisco, John Garamendi (D-California), ha lanzado una petición formal al Federal Aviation Administration (FAA) y al Sean Duffy, secretario de Transporte, exigiendo que los vuelos en jets privados “de lujo” queden temporalmente suspendidos, antes de que se apliquen más recortes o interrupciones al tráfico aéreo comercial.
En una carta, Garamendi sostuvo que una de cada seis operaciones en los controladores del tráfico aéreo involucra jets privados, y que permitir que vuelos de lujo continúen mientras las familias que dependen del transporte aéreo comercial sufren retrasos o cancelaciones “envía un mensaje claro e inaceptable: que los ricos juegan con reglas distintas”.
Este llamado adquiere relevancia en medio de medidas oficiales de la FAA para reducir la capacidad de tráfico en 40 aeropuertos de gran volumen —un 4 % inicial que subirá al 10 %— con el argumento de que la falta de pagos y la fatiga de los controladores está generando un riesgo para la seguridad.
¿Por qué ocurre esto ahora?
El cierre del gobierno ha dejado a miles de trabajadores esenciales, incluidos muchos controladores aéreos, sin recibir pago, obligados a presentarse a trabajar en condiciones extraordinarias. Algunos, según la FAA, han estado entre un 20 % y 40 % ausentes en momentos clave.
Con menos personal, la FAA anunció que en algunos de los aeropuertos más concurridos del país se reduciría el número de vuelos admitidos para “mantener un margen de seguridad”, por ejemplo, un recorte del 10 % en volumen de tráfico en 40 mercados de alto volumen.
En paralelo, la carta de Garamendi señala que los porcentajes de vuelos privados son significativos: una operación de lujo por cada seis en el sistema de control. Garamendi pide que, salvo excepciones para servicios agrícolas, médicos o de emergencia, esos recursos se destinen prioritariamente a asegurar que el transporte aéreo comercial y público siga funcionando con equidad.
¿Qué implicaciones tiene para la Bahía y para los viajeros?
En la región del Área de la Bahía, los aeropuertos de San Francisco International Airport (SFO) y Oakland International Airport (OAK) están en la lista de los 40 mercados de alto volumen que podrían ver reducción de vuelos. (Según fuentes, aunque no se especifican todas las ubicaciones todavía).
Esto significa que los viajes comerciales podrían enfrentar más cancelaciones, demoras o cambios de horario en la región especialmente en la temporada alta de viajes que se acerca con la festividad de Acción de Gracias.
Para los vuelos privados la cuestión es compleja: si bien Garamendi pide su suspensión, la FAA ya ha emitido restricciones específicas en algunas ciudades para el uso de jets privados en los aeropuertos más congestionados.
El mensaje político es claro: si el sistema está estresado, la prioridad debe ser el transporte público comercial que mueve a la mayoría de los ciudadanos, no exclusivamente los vuelos de lujo.
Reacciones de la industria y del gobierno
Las aerolíneas y los operadores de aviación han advertido que estas medidas tendrán impacto. Se estima que una reducción del 10 % en 40 de los principales aeropuertos podría significar hasta 1.800 vuelos y 268.000 asientos diarios menos disponibles.
Por su parte, el sindicato de controladores (la National Air Traffic Controllers Association, NATCA) advierte que la “erosión” de la seguridad está en juego: cuando controladores sin pago deben preocuparse por su sustento, la vigilancia y concentración que exige ese trabajo se ve afectada.
Y el gobierno federal —a través del secretario Duffy y el administrador de la FAA, Bryan Bedford— ha dito que las acciones tomadas son “proactivas” para evitar una crisis mayor.
Garamendi, por su parte, critica lo que llama un trato desigual: “permitir los viajes de lujo mientras las familias trabajadoras luchan para llegar a sus destinos” es inaceptable, dice su carta.

