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El agresor salió de prisión y la pesadilla regresó para una sobreviviente de violencia doméstica
Por Carmen Palacios, Alianza News
Por años, Elvira Herrera creyó que había recuperado la tranquilidad. Después de sobrevivir a secuestro, tortura, abuso sexual y un disparo que casi le arrebata la vida, aprendió a levantarse, trabajar y ayudar a otras víctimas de violencia doméstica. Pero todo cambió nuevamente cuando recibió una llamada: el agresor que la atacó había salido de prisión.
La historia de Elvira es el testimonio de una sobreviviente con temores pero con esperanza, ella quiere que se conozca su historia. Elvira es el reflejo de miles de mujeres que viven atrapadas entre el miedo, el silencio y la falta de protección real incluso después de que sus agresores cumplen condenas.
Durante una entrevista con la periodista Rossana Drumond, conductora del programa radial “Alianza Contra la Violencia Doméstica”, Elvira habló abiertamente sobre las secuelas invisibles que deja la violencia extrema.
“Sentí que regresé al pasado. Sentía “tranquilidad cuando él estaba encarcelado. Cuando me avisaron que saldría de prisión, lloré muchísimo. El miedo volvió. No me siento segura. Cambié las chapas de mi casa, tengo cámaras, duermo con miedo y ya ni siquiera puedo salir al patio en las noches”, relató durante la entrevista,
El agresor permaneció casi 19 años en prisión. Sin embargo, el tiempo no logró borrar el trauma. “Yo no sé cómo se ve ahora. Entró joven, sin tatuajes. Puede haber cambiado totalmente. Pedí ayuda a la policía para saber cómo luce y me dijeron que no podían darme información porque tenían que protegerlo a él”, dijo.
Sus palabras nos muestran una triste y amarga realidad: ¿las autoridades protegen realmente a las sobrevivientes cuando los agresores recuperan su libertad?
Mientras California cuenta con leyes para registrar ofensores sexuales con el sitio web de la Ley Megan de California, la cual es una herramienta de búsqueda para obtener información de la base de datos de delincuentes sexuales registrados. Sin embargo, muchas víctimas de violencia doméstica sienten que quedan desprotegidas frente a criminales que atentaron directamente contra sus vidas y salen de prisión.
Elvira conoce bien esa sensación. Su agresor no solo ejerció control psicológico. También la aisló de su familia, la vigiló y la manipuló hasta convertir la violencia en parte de la rutina. “Las banderas rojas sí existen”, advirtió. “Los celos, el control, la manera de mirarte, el querer apartarte de tu familia. El problema es que muchas veces una ya está atrapada emocionalmente cuando se da cuenta”.
Elvira Herrera, quien ahora es coordinadora del Programa de Violencia Contra la Mujer de la organización Líderes Campesinas, aconseja de forma directa: “No esperen el segundo golpe, porque puede ser el último”. Y también, en su caso, avisarle a su agresor que pensaba irse fue un error que casi le cuesta la vida.
Hoy, lejos de encerrarse en el dolor, Elvira dedica su vida a ayudar a otras sobrevivientes como intercesora y defensora comunitaria. Acompaña a mujeres y hombres a hospitales, estaciones de policía y tribunales. Les ayuda a llenar órdenes de restricción, encontrar refugios, buscar terapia y acceder a recursos económicos.
Pero, sobre todo, les ofrece algo que ella no tuvo en uno de los momentos más difíciles de su vida: compañía. “Cuando fui a hablar sobre mi caso de violación, sentí que me iba a dar un ataque de pánico. Miré a los lados y no había nadie que me dijera ‘aquí estoy contigo’. Me sentí completamente sola”, dijo durante la entrevista. Esa experiencia la marcó profundamente y agrega “Ahora yo no dejo solas a las víctimas. A veces solo necesitan que alguien les tome la mano y les diga que van a estar bien”.
Elvira habló sobre la importancia de crear un “plan de escape” antes de abandonar una relación violenta: guardar documentos importantes, medicamentos, números de teléfonos, algo de dinero, ropa y llaves en un lugar seguro o con una persona de confianza. “Cuando llegue el momento de salir, el miedo no te deja pensar. Por eso hay que prepararse poco a poco”, explicó.
También recordó que la violencia doméstica no distingue género. “He ayudado a hombres víctimas también. El abuso no tiene género. Nadie merece vivir con miedo”.
Fortalecida en Líderes Campesinas
Elvira llegó a la organización Líderes Campesinas en 2013 como voluntaria, buscando transformar su dolor en ayuda para otras mujeres. Lo que la hizo quedarse fue el propósito humano de la organización: acompañar, escuchar y fortalecer a las campesinas para que juntas puedan defender sus derechos y generar cambios sociales, económicos y políticos en sus comunidades.
Hoy, Líderes Campesinas brinda apoyo a más de 350 mujeres en 19 condados de California. Atienden casos de violencia doméstica, acoso sexual, abuso laboral, abuso infantil y hasta problemas relacionados con la exposición a pesticidas en el campo. Pero más allá de los trámites o la orientación legal, Elvira asegura que lo más importante es el acompañamiento emocional.
“Muchas veces las mujeres solo quieren que alguien las escuche. Muchas no están listas para denunciar porque tienen miedo”, cuenta con sensibilidad.
Ese temor, explica, ha crecido aún más en los últimos años, especialmente entre mujeres inmigrantes que temen ser cuestionadas por su situación migratoria. “Muchas me dicen: ‘solo quería hablar con alguien’. Hay mujeres que sufren en silencio porque creen que pedir ayuda puede ponerlas en riesgo”, señala.
Por eso, Elvira insiste en enviar un mensaje claro y esperanzador a la comunidad: “No importa si tienes documentos o no. Tienes derecho a pedir ayuda y denunciar la violencia. Nadie puede quitarte ese derecho, por eso es importante informarte”.
Ayudar a otras sobrevivientes
Según organizaciones nacionales, muchas víctimas regresan con sus agresores por temor, dependencia económica o falta de apoyo emocional y legal. En comunidades inmigrantes, el miedo aumenta por el idioma, la desinformación y el estatus migratorio. Por eso, especialistas insisten en que hablar del tema salva vidas.
La violencia doméstica no comienza con un golpe. Muchas veces inicia con control, aislamiento, humillaciones y amenazas disfrazadas de amor.
Y aunque las heridas físicas sanen, el temor puede quedarse durante décadas.
Elvira lo sabe mejor que nadie. Aun así, cada mañana elige seguir adelante. Trabaja, ayudar a otras mujeres y levanta la voz por quienes todavía no pueden hacerlo. Elvira termina la entrevista diciendo “No quiero que otra mujer pase lo que yo viví”. Su historia duele. Pero también obliga a reflexionar.
Este artículo es parte del proyecto periodístico sobre la Violencia Doméstica en la comunidad latina y cuenta con el apoyo y generosidad de Blue Shield of California Foundation.

