“No somos enemigos, somos parte de este país”, dijo con firmeza el congresista Adriano Espaillat, presidente del Caucus Hispano del Congreso (CHC), acompañado de representantes de la Federación Hispana, en el inicio de una nueva campaña nacional en defensa de la comunidad migrante.

La iniciativa surge como respuesta a las políticas restrictivas y detenciones masivas impulsadas por el Gobierno del presidente Donald Trump, que han sembrado miedo y desconfianza en comunidades enteras. Su objetivo es claro: exigir rendición de cuentas, restablecer la supervisión del Congreso sobre la aplicación de las leyes de inmigración y garantizar el respeto al debido proceso.

La campaña busca reformar el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) para promover la transparencia y la seguridad pública sin sacrificar los derechos humanos. En su comunicado, las organizaciones hispanas pidieron revisar los protocolos policiales a nivel federal, fortalecer la supervisión, y redirigir fondos hacia metas humanitarias, en lugar de alimentar una maquinaria de persecución.

“Estamos viendo cómo se despliega la Guardia Nacional en ciudades como Los Ángeles, Washington y Memphis, no para proteger a la gente, sino para blindar redadas. Eso no es justicia, es una guerra urbana”, denunció Espaillat, quien lamentó que los agentes del ICE actúen sin identificarse, con máscaras y sin mostrar su número de placa.

Las voces detrás del movimiento

Junto al CHC y la Federación Hispana, otras organizaciones se han sumado a la causa, entre ellas Voto Latino, que advirtió que las políticas migratorias actuales “han empujado aún más a las familias inmigrantes a la clandestinidad” y que el Gobierno “no ha velado por la seguridad pública ni por el estado de derecho”.

La indignación creció aún más cuando, en julio pasado, el Congreso aprobó una asignación adicional de 170.000 millones de dólares al ICE, una cifra que, según los activistas, refuerza la maquinaria de deportaciones en lugar de atender las causas humanitarias y sociales del fenómeno migratorio.

Entre el miedo y la esperanza

Para miles de familias migrantes, el miedo a ser separadas se ha vuelto parte de la vida cotidiana. En los barrios, los niños aprenden a reconocer el sonido de las patrullas del ICE antes que las canciones del recreo; los padres viven pendientes del toque en la puerta que puede cambiarlo todo.

Frente a ese panorama, la campaña del CHC y la Federación Hispana busca devolver esperanza y dignidad. “Nuestra comunidad no pide privilegios, pide justicia y trato humano”, subrayó Espaillat.

La iniciativa no es solo una denuncia política: es una invitación a recuperar la empatía en el debate migratorio, a ver en cada migrante no un número o un expediente, sino una historia de esfuerzo, una familia que sueña, un rostro que también forma parte del tejido que construye a Estados Unidos.

El llamado de las organizaciones hispanas es, en el fondo, un recordatorio de que la democracia se debilita cuando el miedo sustituye al diálogo y la exclusión se normaliza.

La campaña del CHC y la Federación Hispana no busca confrontar, sino reconstruir puentes entre las leyes y los valores humanos, entre la seguridad y la compasión, entre el poder y la responsabilidad.

“Cada vez que defendemos el debido proceso, defendemos el alma misma de este país”, concluyó Espaillat. (Con información de EFE)