Los robos de cobre se han convertido en una amenaza silenciosa pero devastadora para el condado de Santa Clara. Lo que antes eran incidentes aislados hoy es una crisis que afecta la seguridad, la movilidad y la vida cotidiana de miles de personas.

El robo de cableado de cobre ha disparado los apagones de alumbrado público, dañado semáforos y provocado interrupciones en estaciones del tren ligero, dejando barrios enteros más oscuros y vulnerables.

La magnitud del problema quedó expuesta en un panel realizado hace unos días donde expertos en transporte, telecomunicaciones, comercio y justicia coincidieron en que el fenómeno ha escalado a niveles alarmantes. Rick Scott, subdirector del Departamento de Transporte de San José, reconoció que el cambio fue abrupto. “Pasamos de recibir entre 10 y 15 reportes al mes a recibir entre 100 y 150. La ciudad quedó desbordada”, explicó.

Desde junio de 2024, San José ha documentado alrededor de 2,200 incidentes de robo de cobre. De ellos, se han logrado reparar unos 1,500, pero aún existe un rezago de cerca de 700 cortes o fallas. El impacto no es solo técnico: “Significa vecindarios con calles oscuras, gente que no se siente segura. Es una prioridad enorme para nosotros”, subrayó Scott.

Ante la creatividad de los ladrones, la ciudad ha tenido que innovar. Las cajas de servicios subterráneos, antes fácilmente accesibles, ahora son rellenadas con arena y selladas con concreto. Según Scott, en las zonas donde se ha aplicado esta medida, ya no se han registrado nuevos robos.

Las autoridades también han cambiado su estrategia. El fiscal adjunto James Gibbons-Shapiro explicó que el enfoque no está solo en los ladrones de calle, sino en las redes organizadas que compran y revenden el cobre robado. “Si estás comprando cobre robado, la persona que te lo vende podría ser un detective encubierto”, advirtió, al revelar que ya se han realizado operativos secretos en la región.

El impacto económico también golpea con fuerza al comercio local. Kat Angelov, de la Cámara de Comercio de San José, relató cómo los apagones de alumbrado y las fallas de internet ahuyentan a los clientes. “Pequeños negocios pierden cuatro, cinco o seis horas de operación cuando les cortan el servicio por cables robados”, señaló.

La raíz del problema es global: el precio del cobre se ha disparado. Janus Norman, presidente de Cal Broadband, explicó que el precio pasó de 2.80 dólares en 2020 a cerca de 4.55 dólares actualmente, un aumento del 63%. Esta alta demanda convierte al metal en un objetivo constante para las redes criminales.

A partir de enero entrarán en vigor nuevas leyes estatales. La Asamblea de California aprobó normas que prohíben la posesión de metales provenientes de infraestructura esencial y obligan a los recicladores a registrar con detalle las ventas. También se han fortalecido las medidas para proteger instalaciones con cercas eléctricas.

Pero los expertos advierten que el problema no desaparecerá pronto. “El precio del cobre seguirá subiendo, porque es un metal esencial”, sentenció Norman.

Mientras tanto, los vecinos de Santa Clara conviven con calles a oscuras, semáforos apagados y la sensación de que algo tan básico como la luz se ha vuelto frágil. Una crisis de metal, que hoy amenaza lo más elemental: la seguridad y la confianza en el espacio público.