El Mundial FIFA 2026 dejó millones de dólares, impulsó a cientos de pequeños negocios y mostró al mundo una ciudad vibrante que ahora aspira a convertirse en la capital de los grandes eventos internacionales.
Durante varias semanas, el corazón de San José dejó de latir al ritmo habitual de una ciudad tecnológica para hacerlo al compás de cantos, banderas y celebraciones de miles de aficionados llegados de todos los rincones del mundo. Las calles del centro histórico se transformaron en un escenario multicultural donde el fútbol unió idiomas, nacionalidades y generaciones. Pero, cuando el balón dejó de rodar, quedó claro que el mayor triunfo para la ciudad no apareció en el marcador, sino en su economía, en sus pequeños negocios y en la imagen internacional que proyectó.
Aunque los seis encuentros del Mundial FIFA 2026 se disputaron en el Levi’s Stadium de Santa Clara, fue San José quien logró convertir el torneo en una oportunidad para reinventarse. La estrategia impulsada por el ayuntamiento de crear zonas oficiales para aficionados, transmisiones públicas y actividades culturales convirtió a la ciudad en el verdadero punto de encuentro de la Copa del Mundo en el Área de la Bahía.
Lo que inicialmente parecía una medida para complementar la experiencia de los visitantes terminó generando un fenómeno económico y social cuyos efectos seguirán sintiéndose durante los próximos años.
Una fiesta que impulsó la economía local
El Comité Organizador del Área de la Bahía había estimado antes del torneo que los seis partidos del Mundial generarían entre 480 y 630 millones de dólares en impacto económico para la región, con aproximadamente la mitad de esa derrama concentrada en el condado de Santa Clara. Las proyecciones también anticipaban la llegada de más de 500 mil visitantes, una cifra que terminó reflejándose en hoteles llenos, restaurantes abarrotados y calles repletas de turistas.
Sin embargo, el verdadero éxito no estuvo únicamente en las cifras macroeconómicas. El Mundial permitió que cientos de pequeños empresarios, comerciantes familiares y trabajadores independientes vivieran una de las temporadas más prósperas de los últimos años.
Cada partido representó una oportunidad de negocio. Desde primeras horas del día, los alrededores de San Pedro Square comenzaron a llenarse de vendedores ofreciendo camisetas, banderas, sombreros, bufandas y recuerdos alusivos al torneo. Muchos de ellos confesaban que en pocos días lograron ingresos equivalentes a varias semanas de trabajo.
Para numerosos emprendedores latinos, esta fue una oportunidad excepcional para fortalecer la economía familiar.
San Pedro Square en el corazón del Mundial
Aunque el estadio se encontraba en Santa Clara, miles de aficionados eligieron vivir la experiencia desde el centro de San José.
Las pantallas gigantes instaladas en San Pedro Square reunieron diariamente a seguidores de México, Brasil, Argentina, Japón, Australia, Estados Unidos y decenas de países más.
Lo que se vivió fue mucho más que una transmisión deportiva. Familias completas compartían mesas, niños intercambiaban banderas con visitantes extranjeros y turistas descubrían la gastronomía y la diversidad cultural que caracteriza a San José.
Las imágenes de aficionados cantando juntos recorrieron medios nacionales e internacionales, proyectando una ciudad moderna, multicultural y acogedora. Para muchos visitantes, fue la primera vez que conocieron San José. Y esa primera impresión dejó una huella positiva.
El impacto gastronómico
El impacto fue especialmente visible en el sector gastronómico. Restaurantes, bares y cafeterías registraron algunos de los niveles de ventas más altos del año. En establecimientos cercanos a San Pedro Square, conseguir una mesa llegó a requerir más de dos horas de espera durante los partidos con mayor convocatoria.
La selección mexicana generó algunos de los días de mayor actividad comercial. La demanda de alimentos, bebidas y servicio obligó a varios establecimientos a contratar personal temporal, ampliar horarios y realizar pedidos extraordinarios para mantener abastecidas sus cocinas.
Para muchos negocios, el Mundial representó un alivio económico después de años marcados por la recuperación posterior a la pandemia y por la disminución del flujo de trabajadores remotos en el centro de la ciudad.
El turismo encontró una nueva puerta de entrada
Los hoteles también registraron una cantidad de pasajeros superior a la habitual. Muchos visitantes optaron por hospedarse en San José debido a su cercanía con el Levi’s Stadium, su oferta gastronómica y la facilidad para desplazarse hacia otros destinos del Área de la Bahía.
Especialistas en turismo coinciden en que el visitante deportivo suele permanecer varios días y realizar un gasto significativamente mayor que el turista convencional.
Además del alojamiento, consume transporte, restaurantes, compras, actividades culturales y entretenimiento. Este comportamiento multiplica el efecto económico en toda la ciudad y beneficia a sectores que normalmente no participan directamente en un evento deportivo.
Una oportunidad para la comunidad latina
Entre los principales beneficiarios estuvieron numerosos negocios propiedad de familias latinas. Taquerías, cafeterías, panaderías, pequeños restaurantes y vendedores ambulantes tuvieron afluencia de clientes pocas veces vista.
Los visitantes aprovecharon para conocer la gastronomía mexicana, centroamericana y sudamericana que caracteriza a San José. Para varios comerciantes consultados durante el torneo, el Mundial no solo incrementó las ventas, sino que permitió dar a conocer sus negocios a clientes que posteriormente regresarán o los recomendarán.
Este efecto de promoción difícilmente podría haberse conseguido mediante campañas tradicionales de publicidad.
San José ha vivido a la sombra de San Francisco cuando se habla de turismo internacional. Sin embargo, el Mundial cambió esa narrativa.
Las transmisiones televisivas mostraron un centro urbano lleno de vida, con espacios públicos ocupados por familias, turistas y aficionados disfrutando de un ambiente festivo.
Las fotografías de San Pedro Square repleto de banderas se difundieron alrededor del mundo. Para expertos en desarrollo urbano, esa exposición representa una campaña de posicionamiento cuyo valor publicitario sería prácticamente imposible de financiar mediante recursos municipales.
La ciudad dejó de ser vista únicamente como un centro tecnológico para convertirse también en un destino atractivo para el turismo deportivo, cultural y de entretenimiento.
El trabajo apenas comienza
Concluido el Mundial, el Comité Organizador del Área de la Bahía anunció su transformación en una comisión regional permanente destinada a atraer nuevos eventos internacionales.
La experiencia adquirida durante el Mundial FIFA 2026, el Super Bowl LX y otros grandes espectáculos permitirá competir por futuras competencias deportivas de alcance mundial, incluida una posible candidatura para la Copa Mundial Femenina de la FIFA 2031.
Para San José, esto representa una estrategia de desarrollo económico de largo plazo. Cada gran evento genera empleo temporal, incrementa la ocupación hotelera, fortalece el comercio local y proyecta internacionalmente la imagen de la ciudad.
Los desafíos de recibir al mundo
No todo fue celebración. La llegada masiva de visitantes también puso a prueba la capacidad operativa de las autoridades. La Policía de San José desplegó importantes dispositivos de seguridad para controlar el tránsito y garantizar el orden público.
Más allá de las cifras económicas, el Mundial dejó un legado humano. Durante varias semanas, personas de culturas, idiomas y tradiciones distintas convivieron en un mismo espacio con respeto, alegría y pasión por el deporte.
Vecinos que normalmente no frecuentaban el centro volvieron a recorrer sus calles. Pequeños comerciantes recuperaron el optimismo. Trabajadores encontraron empleos temporales. Miles de visitantes descubrieron una ciudad diferente a la que imaginaban.
El fútbol logró algo que pocas campañas de desarrollo urbano habían conseguido: devolverle protagonismo al centro de San José y demostrar que la ciudad tiene la capacidad de organizar eventos de clase mundial.
Hoy, cuando las pantallas gigantes han sido retiradas y las banderas ya no ondean en San Pedro Square, permanece una certeza compartida entre empresarios, autoridades y residentes: el Mundial no solo dejó ganancias económicas.
Le devolvió confianza a una ciudad que durante años buscó redefinir su identidad y confirmó que San José puede competir en el escenario internacional no solo por su liderazgo tecnológico, sino también por su capacidad de recibir al mundo con hospitalidad, diversidad y una comunidad que supo convertir un torneo deportivo en una oportunidad de crecimiento colectivo.


