La profesora de UC Berkeley Zvezdelina Stankova advierte que miles de jóvenes llegan a la universidad con serias deficiencias matemáticas. Propone recuperar el rigor académico, fortalecer a los maestros y ofrecer rutas alternativas para que ningún estudiante quede condenado al fracaso.
La alarma no está en una escuela aislada ni en un distrito específico. Tampoco se trata simplemente de que algunos estudiantes tengan dificultades con las fracciones, el álgebra o el cálculo.
El problema, según la profesora de matemáticas de UC Berkeley Zvezdelina Stankova, es mucho más profundo: una parte importante de los jóvenes está llegando a la universidad sin las herramientas necesarias para pensar, resolver problemas y enfrentar carreras que dependen de las matemáticas.
En una entrevista con Greta Van Susteren para el pódcast Greta Wire, Stankova fue directa: hay estudiantes que llegan a Berkeley sin estar preparados para el cálculo y algunos pueden estar entre cinco y ocho años atrasados en matemáticas.
Y hay algo todavía más preocupante, señala la profesora, que no se trata únicamente de recuperar contenidos perdidos. El verdadero déficit está en la capacidad de pensar matemáticamente: analizar, equivocarse, insistir, encontrar caminos y resolver problemas difíciles.
“Las matemáticas serias” —explicó— son aquellas que obligan al estudiante a luchar, pensar y superar dificultades.
El problema empieza mucho antes de la universidad
Cuando un estudiante llega a una universidad como Berkeley y no domina operaciones básicas, el problema ya no puede resolverse en unas pocas semanas.
Stankova refiere que a un estudiante sin fundamentos matemáticos en una clase avanzada es como pedirle que participe en una carrera de Fórmula 1 sin siquiera tener licencia para conducir.
La universidad puede ofrecer apoyo, cursos de precálculo y clases de refuerzo. Berkeley, de hecho, ha creado cursos destinados a fortalecer las bases matemáticas de estudiantes que necesitan ayuda adicional. Pero la propia profesora reconoce que esas medidas solamente alcanzan a una parte de los jóvenes y que muchos continúan enfrentando enormes dificultades en las clases superiores.
El problema, entonces, no se arregla cuando el estudiante ya está en la universidad. Hay que actuar mucho antes.
La responsabilidad alcanza a las escuelas, los maestros, los distritos, las universidades, las familias y también a las autoridades educativas.
Los estudiantes que están quedando atrás
La docente de Berkeley afirma que no todos los estudiantes estadounidenses tienen un problema grave de preparación matemática. Existe un grupo de jóvenes extraordinariamente fuertes.
La preocupación está concentrada especialmente en el tercio inferior.
Ese grupo puede quedar oculto detrás de los buenos resultados de los estudiantes más destacados. Mientras algunos jóvenes avanzan hacia las matemáticas, la ingeniería, la ciencia y la tecnología con excelentes resultados, otros acumulan años de retraso y terminan enfrentando barreras cada vez mayores.
Rescató que tampoco los estudiantes de alto rendimiento están completamente al margen del problema. Cuando una clase universitaria tiene que dedicar una parte importante del tiempo a explicar conceptos básicos que deberían haber sido aprendidos años antes, los estudiantes que están preparados también pierden oportunidades.
Stankova explica que algunos profesores han tenido que reducir contenidos para poder atender a los alumnos con mayores dificultades. En un ejemplo citado durante la entrevista, una docente tuvo que reducir de 11 a aproximadamente seis los temas que pensaba cubrir en un curso, debido a limitaciones de tiempo y apoyo.
Agudizándose el problema porque los estudiantes rezagados no reciben la ayuda suficiente y los estudiantes avanzados tampoco necesariamente reciben la educación que necesitan.
¿Qué pasó?
Tratando de buscar la causa de esta deficiencia en el aprendizaje, la profesora no culpa exclusivamente a la pandemia de COVID-19 que tuvo un impacto importante en el aprendizaje. Stankova refiere que el aprendizaje en línea, la inteligencia artificial y cambios en la forma de enseñar y evaluar también tienen responsabilidad, sumado a problemas como el debilitamiento de ciertos estándares académicos.
Cuando las universidades dejan de exigir determinados conocimientos, las escuelas tienen menos incentivos para preparar a los estudiantes para alcanzarlos. Y los propios jóvenes pueden preguntarse: “¿Para qué voy a estudiar esto si no me lo van a exigir para ingresar a la universidad?”.
El resultado es una cadena que comienza en los primeros años de escuela y termina explotando en la universidad.
La inteligencia artificial: herramienta, no sustituto
La conversación también toca uno de los grandes desafíos de la educación actual: la inteligencia artificial.
Stankova no propone rechazarla. Todo lo contrario. Considera que la inteligencia artificial será parte permanente de la educación y de la vida profesional y que los estudiantes deben aprender a utilizarla responsablemente.
Afirma que si un estudiante entrega un texto a una herramienta de inteligencia artificial para que lo resuma sin haberlo leído, no está aprendiendo. Está evitando el proceso de aprendizaje.
La profesora resume que la inteligencia artificial puede ser una herramienta enorme, pero también puede convertirse en un atajo que termine negándole al estudiante su propia educación futura.
Explicó que la solución no es prohibir la tecnología, sino enseñar a utilizarla sin perder la capacidad humana de pensar, tomando en cuenta la regla básica: la inteligencia artificial también se equivoca.
Stankova cuenta que utiliza distintas herramientas de IA y compara sus respuestas porque no confía ciegamente en ellas. La responsabilidad final, insiste, sigue siendo humana: verificar la información antes de aceptarla.
También hay que mirar a los maestros
Otro punto delicado de la entrevista es la preparación de los docentes.
La especialista reconoce haber trabajado tanto con excelentes profesores como con maestros que no estaban suficientemente preparados en matemáticas. No generaliza, pero advierte que la calidad de la enseñanza tiene un impacto directo en la formación de los estudiantes.
Asegura que, si a los niños se les enseña correctamente, al ritmo adecuado y con suficiente tiempo, muchos pueden aprender. Pero si el propio maestro tiene vacíos en su formación, esos problemas pueden transmitirse de una generación a otra.
Por eso, cualquier estrategia seria para mejorar las matemáticas debe incluir capacitación y acompañamiento permanente para los docentes.
No basta con pedirle al maestro que mejore los resultados. También hay que darle herramientas, tiempo y recursos para hacerlo.
¿Quiénes son los beneficiados?
Los primeros beneficiados serían los propios estudiantes, especialmente quienes hoy están quedando rezagados. Recuperar las bases matemáticas puede abrirles puertas a carreras que actualmente parecen fuera de su alcance.
Pero también se benefician los estudiantes avanzados, porque una enseñanza con estándares claros permite que continúen progresando sin que el currículo tenga que reducirse para acomodarse a grandes diferencias de preparación, al final se beneficia a todos.
Stankova recuerda que las matemáticas avanzadas están detrás de numerosos campos de la vida moderna: ingeniería, ciencia, tecnología, biología, medicina y sistemas capaces de modelar fenómenos complejos, desde el clima hasta nuevas aplicaciones científicas.
Sin una sólida formación matemática, advierte, Estados Unidos corre el riesgo de debilitar la preparación de la próxima generación de científicos, ingenieros e investigadores.
No todos necesitan llegar por el mismo camino
Uno de los planteamientos más interesantes de Stankova es que ayudar a los estudiantes no significa necesariamente colocarlos directamente en las universidades más competitivas.
Los colegios comunitarios y el sistema de universidades estatales pueden convertirse en caminos para fortalecer las bases antes de intentar ingresar a programas universitarios más exigentes. La profesora de Berkeley considera que esa alternativa puede ser mucho más beneficiosa que colocar a un estudiante directamente en una clase para la que todavía no está preparado.
Esto no debería interpretarse como bajar las expectativas.
Todo lo contrario.
Se trata de darle al estudiante el tiempo y las herramientas necesarias para alcanzar el nivel requerido.
¿Qué medidas se deben adoptar?
Durante la entrevista Stankova propone:
Primero, recuperar los fundamentos. Fracciones, álgebra, geometría, precálculo y resolución de problemas no pueden ser tratados como conocimientos secundarios cuando son la base de carreras enteras.
Segundo, mantener estándares académicos claros. Stankova cuestiona la idea de solucionar las deficiencias simplemente reduciendo el nivel de exigencia. En su opinión, aprobar a estudiantes que no dominan una parte importante del material no resuelve el problema: solamente lo traslada al siguiente nivel.
Tercero, fortalecer a los maestros. Los docentes necesitan formación matemática sólida, apoyo y recursos para atender diferentes niveles dentro del aula.
Cuarto, detectar temprano las dificultades. Esperar hasta la universidad es demasiado tarde. Si un niño empieza a quedarse atrás, la intervención debe comenzar mucho antes.
Quinto, ofrecer rutas alternativas. No todos los estudiantes necesitan seguir exactamente el mismo camino hacia una carrera profesional. Los colegios comunitarios y otras instituciones pueden servir como puentes para recuperar conocimientos.
Sexto, usar la inteligencia artificial con responsabilidad. La tecnología debe ayudar a aprender, no reemplazar el esfuerzo intelectual.
Finalmente propone, volver a valorar el esfuerzo y el conocimiento, de esa manera los estudiantes podrán entender que aprender implica practicar, hacer tareas, equivocarse, pedir ayuda y volver a intentarlo.
El desafío es recuperar la confianza
La profesora de Berkeley deja un mensaje importante que los estudiantes pueden aprender si reciben la oportunidad adecuada, el tiempo necesario y una enseñanza de calidad.
Pero también advierte que no existe una solución rápida.
No se puede esperar que un joven que lleva años acumulando vacíos matemáticos se convierta en unas semanas en un estudiante preparado para una carrera universitaria altamente exigente.
En ese sentido, propone que la preparación debe comenzar mucho antes: en la escuela, en el aula y en la manera en que la sociedad entiende la educación y preocuparnos realmente por los conocimientos que se están llevando cuando reciben su diploma.
Stankova comentó, si un cirujano o un piloto conociera solamente la mitad de lo que debería saber, nadie aceptaría correr el riesgo. ¿Por qué debería ser diferente con la educación?
Estados Unidos todavía tiene estudiantes brillantes, maestros extraordinarios y universidades capaces de producir ciencia de primer nivel. El desafío es evitar que una parte de los jóvenes quede atrás mientras el resto avanza.
La solución no está en bajar la valla, sino en ayudar a más estudiantes a llegar hasta ella. Y para lograrlo se necesita tiempo, preparación, buenos maestros, estándares claros y la oportunidad real de aprender, recomendó Stankova .


