Tener un trabajo, contar con ingresos propios y desarrollar nuevas capacidades no significa solamente mejorar la economía familiar. Para una mujer que vive violencia doméstica, puede representar una posibilidad concreta de recuperar autonomía, tomar decisiones y comenzar a construir una salida. Pero ese camino debe hacerse con cuidado, evaluando siempre el nivel de riesgo.

Salir de una relación marcada por la violencia no es simplemente hacer una maleta y cerrar una puerta. Para muchas mujeres, detrás de esa decisión existen hijos, años de dependencia económica, aislamiento, miedo y una autoestima que ha sido debilitada poco a poco.

En ese contexto, la independencia económica puede convertirse en una herramienta importante. No necesariamente significa que una mujer tenga que abandonar inmediatamente su hogar o enfrentarse al agresor. Significa, primero, recuperar opciones.

Así lo explica Mirna Ruiz, gerente del programa de salud mental de Mujeres Unidas y Activas (MUA), organización que acompaña a mujeres mayores de 18 años, muchas de ellas sobrevivientes de violencia doméstica.

“Al existir la violencia económica, la manipulación de los bienes por parte del perpetrador, la mujer que está pasando la violencia doméstica se queda sin opciones”, explicó Ruiz durante la entrevista.

La pregunta que muchas se hacen, según la especialista, es tan sencilla como angustiante: “Quiero salir de esto, pero no tengo los recursos, ¿cómo le hago?”

Y es justamente allí donde el dinero deja de ser solamente dinero. Se convierte en vivienda, alimentación, transporte, cuidado de los hijos y, sobre todo, en capacidad para decidir.

CUANDO EL DINERO TAMBIÉN SE USA PARA CONTROLAR

La violencia económica puede presentarse de diferentes maneras. Una mujer puede no tener empleo ni ingresos propios, pero también puede trabajar y, aun así, estar sometida al control financiero de su pareja.

Ruiz señala que existen casos en los que la mujer debe entregar sus ingresos al abusador o no tiene libertad para decidir cómo utilizar su propio dinero. Pero el control puede comenzar mucho antes.

“¿Para qué quieres ir a trabajar? Si yo todo te lo traigo, tú no necesitas trabajar”, relató Ruiz como ejemplo de las frases que pueden utilizarse para convencer a una mujer de permanecer en casa.

A primera vista, puede parecer una preocupación por la familia. Sin embargo, detrás de ese discurso puede existir una estrategia de aislamiento y dependencia. La mujer deja de trabajar, pierde contacto con otras personas, reduce sus posibilidades económicas y termina dependiendo de quien ejerce el control.

“Muchas veces la mujer está aguantando porque no tiene esas opciones de cómo salir de la violencia”, explicó Ruiz.

Por eso, tener un empleo o generar ingresos propios puede significar mucho más que recibir un salario. Puede representar una puerta hacia nuevas alternativas.

NO TODAS PUEDEN SALIR DE UN DÍA PARA OTRO

Sin embargo, hablar de independencia económica no significa decirle a una mujer que simplemente consiga un trabajo y abandone su casa. Mirna Ruiz advierte que cada situación debe analizarse de acuerdo con el riesgo. En algunos casos, intentar conseguir un empleo sin tomar precauciones puede provocar una reacción del agresor.

Por eso, la especialista insiste en que la seguridad debe estar primero. “Es importante medir el riesgo”, señaló.

Para una mujer que todavía depende económicamente de su pareja, una salida puede comenzar de manera silenciosa y gradual: buscar información, comunicarse con personas de confianza, conocer organizaciones de apoyo, explorar posibilidades de capacitación o empleo y, cuando sea seguro, comenzar a construir una red.

La gerente del programa de salud mental de MUA incluso explicó que dentro de un plan de seguridad pueden existir estrategias para ahorrar pequeñas cantidades de dinero, siempre considerando las posibles consecuencias si el agresor descubre ese ahorro. No se trata de improvisar. Se trata de recuperar opciones sin poner en peligro a la persona.

EL AISLAMIENTO TAMBIÉN ES UNA BARRERA

Durante la entrevista con la periodista Rossana Drumond, de Alianza contra la Violencia Doméstica, Mirna Ruiz nos habla del aislamiento. Una mujer sometida durante años al control de su pareja puede llegar a perder incluso sus contactos sociales y desconocer dónde buscar ayuda.

“Yo decía, pero no tengo ni ahorros, no tengo ni un trabajo, ni siquiera conozco gente”, recordó Ruiz al referirse a una experiencia relacionada con la dificultad de comenzar nuevamente. Ese aislamiento puede hacer que la salida parezca imposible.

Por eso, reconstruir vínculos también forma parte del proceso. Hablar con familiares o personas cercanas, buscar organizaciones comunitarias y conocer programas de capacitación pueden ayudar a recuperar poco a poco la confianza y las posibilidades de vender la violencia de manera segura.

La violencia doméstica no solamente afecta el cuerpo. También puede destruir la confianza, limitar la capacidad de tomar decisiones y hacer que una persona llegue a pensar que no tiene alternativas.

LA EDUCACIÓN TAMBIÉN ES INDEPENDENCIA

Durante la entrevista radial surgió otro elemento fundamental: la educación. La preparación profesional, técnica o incluso la autoeducación pueden ampliar las posibilidades de conseguir un empleo y alcanzar una mayor autonomía.

El conocimiento puede convertirse en una herramienta para el futuro, especialmente cuando una persona necesita reconstruir su vida. Pero el proceso no termina con conseguir trabajo. La independencia económica debe ir acompañada de información, apoyo emocional, redes comunitarias y un plan de seguridad. En otras palabras, una mujer no debería enfrentar sola el proceso de salir de una relación violenta, explicó

ROMPER EL CICLO TAMBIÉN PROTEGE A LOS HIJOS

La conversación con Ruiz también puso sobre la mesa una realidad que muchas veces queda escondida: los efectos de la violencia alcanzan a los hijos.

Los niños y adolescentes que crecen observando relaciones de abuso pueden llegar a normalizar esos comportamientos y reproducirlos posteriormente en sus propias relaciones. Por eso, prevenir significa también enseñar a reconocer el abuso, hablar sobre relaciones saludables y construir espacios donde los niños puedan recibir ayuda, nos recuerda la especialista.

MUA trabaja directamente con mujeres mayores de 18 años y no ofrece terapia para toda la familia o para niños, pero puede conectar a las madres con otras organizaciones y recursos comunitarios.

La organización también desarrolla talleres para madres, cuidadoras y abuelas, donde se abordan relaciones saludables y formas de reconocer señales en los hijos y nietos.

UNA VIDA CON RESPETO Y DIGNIDAD

La independencia económica no elimina por sí sola la violencia doméstica. Tampoco significa que una mujer tenga la obligación de trabajar para demostrar que quiere salir de una relación abusiva. La realidad de cada sobreviviente es diferente.

Lo que sí puede hacer la autonomía económica es ampliar el margen de decisión. Tener ingresos, conocimientos y una red de apoyo puede ayudar a que una mujer no sienta que está atrapada sin alternativas abriéndose una posibilidad que puede ser el comienzo de un cambio.

Finalmente, Ruiz resume el objetivo de todo este acompañamiento: “Una vida sin violencia es posible, todas merecemos todo, merecemos respeto y vivir con dignidad”.

Para mayor información pueden llamar o visitar:

MUA: SAN FRANCISCO

3543 18th Street, #23
San Francisco, CA 94110
(415) 621-8140

MUA: OAKLAND

2640 International Blvd.
Oakland, CA 94601
(510) 261-3398

MUA: UNION CITY

32970 Alvarado-Niles Rd #744 Union City, CA 94587

(510) 612-3134

También, pueden visitar https://mujeresunidas.net

Este artículo es parte del proyecto periodístico sobre la Violencia Doméstica en la comunidad latina y cuenta con el apoyo y generosidad de Blue Shield of California Foundation.