Ana Rosiles, intercesora de Líderes Campesinas, en una entrevista conmovedora en nuestro programa radial Alianza Contra la Violencia Doméstica, explica cómo reconocer las primeras señales de violencia, preparar una salida segura y buscar apoyo, formar una red de confianza y un plan previo pueden convertirse en herramientas fundamentales para proteger la vida.
La violencia doméstica no siempre comienza con un golpe. A veces aparece con una palabra hiriente, un empujón, una amenaza, el control, el aislamiento o los malos tratos que poco a poco comienzan a verse como parte de la vida cotidiana. Ese es uno de los mayores peligros: acostumbrarse a la violencia hasta dejar de reconocerla.
Durante su entrevista en el programa Alianza contra la Violencia Doméstica, Ana Rosiles, intercesora de la organización sin fines de lucro Líderes Campesinas, habló sobre las dificultades que enfrentan las personas sobrevivientes y, sobre todo, sobre la importancia de reconocer las señales, romper el silencio y saber que existen organizaciones dispuestas a acompañarlas.
Rosiles explicó que muchas mujeres pueden pasar años sin identificar que están viviendo violencia. Por eso, una de las principales tareas de Líderes Campesinas consiste en ofrecer talleres, reuniones educativas, marchas y vigilias que permitan conocer las diferentes formas que puede adoptar el abuso.
“Romper el silencio” puede parecer una frase sencilla, pero para quien vive bajo amenazas o control puede representar uno de los pasos más difíciles.
Asegura que el miedo, la dependencia económica, los hijos, la falta de información o el temor a las consecuencias pueden hacer que una persona posponga durante años la búsqueda de ayuda. En algunos casos, incluso después de decidir denunciar, puede cambiar de opinión en el último momento.
Por eso, Rosiles insiste en que la persona no debe sentirse sola. Existen organizaciones, autoridades y agencias que pueden ofrecer orientación y acompañamiento cuando una sobreviviente decide pedir ayuda.
Uno de los mensajes más importantes de la entrevista es aprender a identificar las primeras señales. La violencia puede comenzar con comportamientos que algunas personas consideran “normales” dentro de una relación. Un empujón, insultos, amenazas o malos tratos pueden ser señales de una situación que puede agravarse.
Al finalizar la entrevista, Rosiles lo resumió con claridad: la violencia no comienza necesariamente con un golpe; puede comenzar con un empujón, malas palabras o malos tratos.
Reconocer esas señales permite actuar antes de que la situación llegue a un nivel de mayor peligro.
Es importante saber que la prevención también significa hablar del tema. Las familias, escuelas, organizaciones comunitarias y medios de comunicación pueden contribuir a que las personas conozcan sus derechos y sepan dónde acudir.
El silencio, en cambio, puede dejar a la víctima aislada.
Para una persona que ha decidido abandonar una relación violenta, Rosiles recomienda no esperar hasta el último momento para organizarse.
Una de sus principales recomendaciones es preparar con anticipación un archivo con documentos importantes, tanto personales como de los hijos. Estos documentos pueden mantenerse en un lugar seguro, por ejemplo, con una persona de confianza.
También aconseja preparar una pequeña maleta con ropa y artículos necesarios y dejarla en un lugar donde pueda ser recuperada rápidamente si la persona necesita salir de emergencia.
La representante de Líderes Campesinas, comentó que la preparación no debe limitarse a objetos. Tener una persona de confianza puede ser fundamental. Por eso plantea establecer una palabra clave que permita comunicar que existe una emergencia sin tener que explicar la situación delante del agresor. De esa manera, una persona cercana puede entender que debe buscar ayuda.
Otro consejo es memorizar números de teléfono importantes. Si el agresor controla o retira el teléfono de la víctima, tener los números en la memoria puede facilitar que vuelva a comunicarse con alguien que pueda ayudarla.
En palabras sencillas, quiere decirnos que el plan debe estar preparado antes de que llegue una situación de emergencia.
Ana Rosiles explicó que, cuando una víctima, una sobreviviente se comunica con Líderes Campesinas, se evalúa dónde se encuentra y se busca coordinar apoyo con organizaciones cercanas. También pueden intervenir autoridades y otros servicios especializados, según las circunstancias.
Los refugios pueden proporcionar alojamiento temporal para sobrevivientes y sus hijos. Según explicó Rosiles, estos espacios manejan la ubicación de manera confidencial y pueden permitir que las personas comiencen a reorganizar su vida mientras buscan alternativas de vivienda y trabajo.
Esto es importante porque abandonar una relación violenta no significa simplemente cerrar una puerta y comenzar de nuevo al día siguiente. Puede implicar encontrar un lugar seguro, proteger documentos, buscar ingresos, atender a los hijos y enfrentar procesos legales o administrativos.
Por eso, contar con acompañamiento puede hacer una diferencia.
Rosiles durante la entrevista, también hizo énfasis en la importancia de recurrir a las autoridades cuando existe violencia y riesgo.
Señala que un reporte puede dejar constancia de lo que está ocurriendo y permitir que se activen mecanismos de ayuda. Sin embargo, el proceso depende de las circunstancias de cada caso y de las decisiones de la persona sobreviviente.
En materia migratoria, Rosiles explicó que las amenazas relacionadas con llamar a la policía o con una posible deportación pueden utilizarse como mecanismo de intimidación. También mencionó que existen opciones legales para determinadas víctimas de violencia doméstica, aunque cada caso requiere una evaluación especializada y el cumplimiento de los requisitos correspondientes.
Por eso, ante una situación migratoria, es importante acudir a una organización o profesional especializado y no confiar en promesas o información no verificada.
El mensaje que deja la conversación con Ana Rosiles no es que exista una fórmula única para todas las personas. Cada situación es diferente y cada sobreviviente tiene derecho a decidir los pasos que puede dar.
Pero hay claves que se repiten:” reconocer la violencia, buscar información, romper el aislamiento, construir una red de confianza, preparar documentos, tener un plan de salida y acudir a organizaciones que puedan brindar apoyo.”
La prevención comienza antes de que ocurra una emergencia. Y cuando la violencia ya está presente, pedir ayuda no debe verse como una señal de debilidad. Puede ser el comienzo de un proceso para recuperar seguridad, dignidad y libertad.
Porque detrás de cada caso hay una persona, una familia y una vida que merece protección.
“La violencia no debe normalizarse. Reconocerla, hablar de ella y buscar ayuda puede ser el primer paso para terminar con el ciclo.”, concluy{o Ana Rosiles.
Este artículo es parte del proyecto periodístico sobre la Violencia Doméstica en la comunidad latina y cuenta con el apoyo y generosidad de Blue Shield of California Foundation.


