Hija de padres campesinos, primera generación universitaria y autora de tres libros, Erica Alfaro encontró en su historia familiar la fuerza para superar las dificultades y abrir caminos para otros jóvenes latinos.

Hay historias que comienzan en una universidad, en una oficina o en un escenario. La de Erica Alfaro comenzó mucho antes: entre los campos donde sus padres trabajaban largas jornadas para sacar adelante a su familia.

Sus padres, inmigrantes y campesinos, llegaron a Estados Unidos buscando una vida mejor. Trabajaban entre 10 y 12 horas al día, seis días a la semana y, en algunas temporadas, prácticamente todos los días. Eran jornadas agotadoras, especialmente durante las cosechas, cuando el trabajo debía hacerse con rapidez para recoger los productos a tiempo.

Erica creció viendo ese esfuerzo. Y aunque aquella realidad también significó sacrificios y ausencias familiares, con los años entendió que detrás de cada jornada de trabajo había algo mucho más profundo: el deseo de sus padres de ofrecer a sus hijos oportunidades que ellos mismos no habían tenido.

“Siempre nos hablaron de la importancia de la educación”, recuerda Erica. Ese mensaje terminó convirtiéndose en una fuerza importante en su vida.

Ser hija de campesinos no fue sencillo. Tampoco lo fue ser la primera generación de su familia en llegar a la universidad. Erica reconoce que una de las mayores dificultades era imaginar un futuro diferente cuando nadie antes en la familia había recorrido ese camino.

“Es difícil que tú puedas ver que es posible para ti soñar en grande, cuando nadie antes que tú lo ha hecho”, explica.

Pero allí estuvieron sus padres. Quizá no podían ayudarla económicamente de la manera que hubieran querido. Sin embargo, le dieron algo que terminó siendo fundamental: motivación, respaldo y la certeza de que debía seguir adelante.

Erica estudió Psicología en la Universidad Estatal de San Marcos y posteriormente obtuvo una maestría en Educación y Consejería en la Universidad Estatal de San Diego. Su logro académico no fue solamente un título. Para ella representó también la confirmación de que los sacrificios de su familia habían tenido un sentido.

“Ser estudiante de primera generación, ser una persona que pasó por muchas dificultades para alcanzar lo que alcanzó, de alguna manera todo eso con lo que yo batallé, ahora lo uso como mi propósito”, afirma durante su entrevista.

Después de obtener su maestría, Erica tomó una fotografía en el campo. La imagen tenía un significado especial: regresaba simbólicamente al lugar de donde venía, pero esta vez con un título universitario que representaba años de esfuerzo.

La fotografía se volvió viral y comenzó a abrirle nuevas puertas.

Su historia empezó a llegar a personas dentro y fuera de Estados Unidos. Lo que inicialmente podía parecer una fotografía personal terminó convirtiéndose en un mensaje para miles de jóvenes que también buscaban una oportunidad.

Pero Erica decidió no quedarse solamente con su propia historia. Comenzó a compartirla y a impulsar iniciativas destinadas a incrementar la presencia de autoras latinas.

Su objetivo es que más mujeres puedan contar sus propias experiencias, poner sus ideas por escrito y entender que sus voces también tienen valor.

Erica es autora de “Cosechando Sueños”, posteriormente publicado en inglés como “Harvesting Dreams”, y de “Haz tu Sueño Realidad”.

Los tres libros tienen un hilo común: la posibilidad de alcanzar los sueños a pesar de las adversidades.

No se trata, en su caso, de un mensaje construido desde la comodidad. Es una enseñanza nacida de su propia experiencia. Por eso, cuando habla de perseverancia, habla también de las dificultades que conoció desde niña.

Su historia conecta especialmente con jóvenes latinas, estudiantes de primera generación y muchachas que enfrentan obstáculos económicos, familiares o migratorios.

A ellas les recuerda que las circunstancias difíciles no tienen por qué definir el resto de sus vidas.

“Los momentos difíciles en la vida no están ahí para detenerte, sino para hacerte más fuerte”, sostiene.

Erica no presenta la adversidad como algo sencillo de superar. Su mensaje parte de reconocer que existen momentos duros, pero también de la capacidad humana para levantarse.

“Ustedes tienen la capacidad de soñar en grande”, afirma. Su mensaje alcanza una dimensión especial cuando se dirige a jóvenes que trabajan en los campos, incluso aquellas que viven situaciones migratorias difíciles.

Para ellas, Erica insiste en que no deben permitir que otras personas o circunstancias determinen completamente su futuro. “No dejes que otras personas u otras circunstancias tomen control de ti”, señala.

Es una invitación a conservar la dignidad, buscar oportunidades y seguir construyendo un proyecto de vida.


Hoy Erica Alfaro es conferencista, viaja para ofrecer talleres de comunicación y trabaja como promotora de la educación.

Su historia personal se transformó así en una herramienta para acompañar a otros.

Hay una palabra que resume buena parte de su recorrido: propósito.

El sacrificio de sus padres no quedó únicamente como un recuerdo de infancia. Se convirtió en una razón para estudiar, escribir, hablar públicamente y ayudar a que otras personas puedan descubrir sus propias capacidades.

La historia de Erica Alfaro recuerda que detrás de muchos profesionales latinos existe una generación de padres que trabajó silenciosamente para que sus hijos pudieran llegar más lejos.

Padres que quizá no tuvieron títulos universitarios, pero que entendieron el valor de la educación.

Padres que trabajaron bajo el sol durante largas jornadas para que sus hijos pudieran tener oportunidades diferentes.

Y una hija que decidió no olvidar de dónde viene. Erica lleva esa historia consigo.

Su fotografía en el campo, sus libros, sus conferencias y su trabajo educativo forman parte de un mismo relato: el de una joven que aprendió que los sueños no siempre nacen en lugares fáciles, pero pueden crecer cuando existen esfuerzo, educación, perseverancia y amor familiar.

Con su ejemplo, Alfaro, nos recuerda que la mayor cosecha de aquellos campos no fue solamente lo que sus padres recogieron trabajando. También fueron los sueños que sembraron en sus hijos.