Entre la esperanza de un techo y la incertidumbre de lo que vendrá después, los residentes sin hogar de Columbus Park comenzaron esta a mudarse a viviendas temporales, mientras la ciudad de San José avanza en el desalojo del mayor campamento de la ciudad.

El operativo arrancó con el retiro de basura, vehículos y tiendas de campaña que, por años, hicieron del parque un refugio improvisado. Según estimaciones municipales, allí vivían unas 370 personas y se estacionaban 120 vehículos habitados. Hoy, las calles Irene y Asbury lucen casi vacías, salvo por unas pocas casas rodantes marcadas con placas municipales que impiden su remolque.

“Quiero ducharme y volver al trabajo”

Joseph López, de 42 años, ha pasado la mitad de su vida en Columbus Park. Se quedó sin hogar a los 12 y sobrevivió en una casa rodante junto a su madre y su hermano hasta los 28. Más tarde consiguió empleo en Home Depot, pero la pandemia lo dejó nuevamente en la calle.

“Quiero ducharme. Puedo volver al trabajo en cuanto me arregle”, dijo López.  “No me he molestado en buscar trabajo, principalmente porque no tengo dónde vivir”.

López aún desconoce si será reubicado en un motel reformado o en el centro de descanso seguro en la calle Taylor, que abrirá próximamente. “Aunque eso sea temporal, espero que al menos en un año pueda recuperarme, pero encontrar un lugar no es fácil”, afirmó.

Moteles convertidos en refugio

Hace poco abrió Casa Linda, el primero de cinco moteles transformados en alojamiento temporal. Cuenta con 42 camas, que se espera se llenen antes de terminar la semana. El próximo hotel comenzará a recibir residentes el fin de semana y otros tres abrirán en septiembre, junto con un refugio, ofreciendo en total 390 plazas.

“Los programas no tienen un límite de estancia”, explicó Sarah Fields, vocera del departamento de vivienda. “Pero los residentes deben seguir las normas comunitarias, trabajar con gestores de casos y avanzar hacia sus objetivos”.

Costo de vida

Para muchos, la mudanza trae alivio, pero también dudas sobre la sostenibilidad a largo plazo. James Shaw, de 35 años, trabaja a tiempo completo en una empresa de grúas, pero sigue viviendo en una casa rodante junto a su esposa Arielle. Participa en el programa de recompra de vehículos, que entrega $2,000 a cambio de la casa rodante y acceso a vivienda temporal.

“Paso por estos apartamentos de $3,000, ¿cómo voy a pagarlos? Mi sueldo total es de $3,000”, dijo Shaw. “El sistema está roto. El alquiler debería basarse en los ingresos”.

El condado de Santa Clara enfrenta una crisis habitacional. Según un conteo preliminar de enero de este año, hay 10,711 personas sin hogar, 800 más que hace dos años. De ellas, 6,503 viven en San José, y casi 4,000 carecen de refugio. Un hogar necesita ingresos de $125,280 al año para pagar un apartamento de dos habitaciones en el condado, pero un 32% de los hogares no supera los $100,000 anuales.

 “Es un trampolín constante”

Shaw teme que la vivienda temporal no sea más que otro paréntesis. Sus largas jornadas laborales, que pueden extenderse hasta la medianoche, chocan con los posibles toques de queda de los moteles.

“Estamos cansados”, confesó entre lágrimas, sostenido por su esposa. “Es un trampolín constante: tener vivienda y luego quedarme sin ella. El motel es un paso adelante, es mejor que estar aquí. Solo espero que no sea tan restrictivo, porque cuando se imponen tantas normas, se supone una carga excesiva para la gente”.

Mientras las autoridades avanzan con el cierre completo de Columbus Park, cientos de personas esperan que esta nueva etapa no sea solo un respiro temporal, sino el inicio de una solución más estable a la crisis de vivienda que golpea a San José y a todo el Condado de Santa Clara.