Santa Clara County enfrenta una emergencia humanitaria silenciosa. Mientras el costo de vida sigue disparándose, más residentes caen en la indigencia prolongada y luchan contra la falta de vivienda, empleo y atención médica. Expertos advierten que el problema ya supera la capacidad de respuesta de las autoridades locales.
La tierra de la innovación tecnológica y los salarios millonarios enfrenta una paradoja dolorosa: cada vez más personas duermen en las calles. El más reciente recuento puntual (Point-in-Time Count) de 2025 en el condado de Santa Clara reveló un incremento alarmante del 21% en la población sin hogar crónica, es decir, personas que llevan más de un año sin vivienda y padecen alguna condición que dificulta mantener empleo o techo.
En total, 4,650 residentes viven en situación sin hogar crónico, frente a los 3,833 registrados en 2023. El número total de personas sin vivienda en el condado asciende a 10,711, un 8.1% más que hace dos años.
“Estamos viendo que más personas caen en la indigencia por primera vez y no logran salir. No es falta de esfuerzo, es el costo de sobrevivir en Silicon Valley”, advirtió María Hernández, directora de Housing Justice Silicon Valley.
Una década de aumento constante
El problema no es nuevo. En los últimos diez años, la población sin hogar en el condado aumentó más del 63%, impulsada por el encarecimiento del alquiler, la pérdida de empleo y los divorcios o rupturas familiares. El 27% de los encuestados señaló la pérdida de ingresos como la causa principal de su situación; el 17%, separaciones; y un 12%, desalojos o aumentos de renta.
“Cada punto porcentual representa una vida truncada, una familia rota o un trabajador que no pudo pagar su renta”, comentó David Low, analista del Ciudades al límite.
El fenómeno no afecta a todas las ciudades por igual. San José, con casi un millón de habitantes, experimentó un incremento moderado del 3.8%, pasando de 6,266 personas sin hogar en 2023 a 6,503 en 2025. Pero el panorama es más severo en el oeste y norte del condado.

La crisis tiene un rostro humano que a menudo se invisibiliza. Una anciana solicita ayuda cerca de un puente en una avenida de San José. Foto por Rossana Drumond, Alianza News.
Refugios insuficientes
Aunque el condado destina más de 122 millones de dólares a programas de asistencia, la infraestructura actual no da abasto. De acuerdo con el informe, solo hay una cama disponible por cada tres personas sin hogar.
El gobierno local busca revertir esta realidad con nuevos proyectos. San José abrirá 12 refugios nuevos o ampliados, que ofrecerán más de 1,300 camas, incluyendo el primer sitio de descanso seguro de la ciudad. A nivel condal, se proyecta la apertura de un refugio de 135 camas en Palo Alto y un albergue familiar para 30 familias en Santa Clara.
“No basta con construir refugios; necesitamos prevención, apoyo psicológico, tratamiento de adicciones y políticas de vivienda asequible”, insistió Jennifer Wang, investigadora del Institute for Urban Policy de Stanford.
El costo humano
La crisis tiene un rostro humano que a menudo se invisibiliza. En los parques, bajo los puentes o en los márgenes del río Guadalupe, la historia se repite: pérdida de empleo, renta impagable, salud quebrada.
“Nunca pensé que acabaría aquí. Trabajé 20 años en construcción, pero cuando me lesioné y perdí el trabajo, ya no pude pagar el alquiler. Desde entonces, vivo en mi camioneta”, relató José Ramírez, de 54 años, uno de los encuestados del estudio.
En una región donde el precio promedio de un apartamento supera los $3,200 mensuales, las opciones son escasas. Los expertos coinciden en que el crecimiento del sinhogarismo crónico no solo refleja un fallo del mercado, sino una fractura social profunda.
“La crisis de vivienda en Silicon Valley no se soluciona con compasión ocasional; requiere voluntad política y un cambio estructural”, concluyó Hernández.
Mientras tanto, cada amanecer en Santa Clara County deja ver más carpas a lo largo de los caminos y más familias luchando por un refugio. En el corazón de la innovación mundial, la falta de hogar se ha convertido en una herida abierta que no deja de crecer.


